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lunes, 17 de septiembre de 2012

Socotra, París, Madrid y la crónica caótica de una manifestación



Si este blog fuese un comercio que se clausura, este artículo sería la operación remate. Ya se sabe que en época de rebajas siempre hay remate. En los próximos días echaremos definitivamente el cierre y ya no se podrá acceder a la bitácora.

Pero la manifestación del sábado y un accidente inesperado le piden al cuerpo de uno estas últimas reflexiones, algo así como sacar al escaparate las últimas palabras del último rincón del almacén donde alguna vez se apilaron. Siempre se guardan palabras en alguna parte para cosas de última hora. Residuales, inconexas, cada una de su padre y de su madre. Tal vez. O precisamente porque ya son de saldo.

Veamos.

Socotra es una isla (en realidad, un archipiélago) en medio del Océano Índico, frente a las costas del Cuerno de África, a 250 km del punto continental más cercano, 20 veces la anchura del estrecho de Gibraltar. Por su biodiversidad y por contar con unas 700 especies únicas en el mundo, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde la costa yemení, a donde pertenece, no puede verse porque la oculta la esfericidad de la mar. Es una parábola de la utopía, si por utopía entendemos el paraíso o el horizonte inalcanzable. Y de la distopía, porque la abigarrada vegetación esconde un desierto.

Socotra es el sueño al que se recurre o en el que uno se encuentra. Para alcanzar los sueños siempre hay que emprender un viaje, abandonar la orilla segura y exponerse al fracaso. Una aventura iniciática de la que uno regresa transformado. Cuando regresa. Si es que regresa. Quien visita los sueños ya nunca es el mismo. Quien emprende un viaje inicia su metamorfosis. Quien se echa al camino, transita de la mano de un poeta. Está escrito. Los pies del caminante escriben en el camino.

El corazón de las tinieblas, Don Quijote, por ejemplo. Y la aventura colombina.

“Siempre nos quedará París”, dicen en Casablanca. Siempre tendremos Socotra. Siempre nos quedará París, es decir, el lugar en el que perdernos sin mácula. Siempre recordaremos el balcón de los geranios, porque a su través surgimos. Y la fragua. Y la tahona. El aroma, el fuego y los sonidos impregnan el origen y la memoria. Los geranios nunca se marchitan en la memoria. Socotra siempre nos estará esperando.

Madrid siempre ha sido un poblacho castellano. Pero se convirtió en el útero en el que unos pocos volvieron a gestar la palabra democracia. Y la palabra libertad. Donde unos pocos decidieron recuperar la dignidad secuestrada. Podría ser un fracaso y los hombres ya no serían los mismos. Pero no será un fracaso. “Mi confianza en el ser humano está lastimada, pero sigue en pie”, ha escrito Juan Gelman. Sol es una plaza que se llama confianza.

A través de Slide, había colgado un álbum de fotografías de Socotra en el margen izquierdo de la bitácora, abajo, pero en los últimos días descubrí que se había desvanecido. En su lugar había un desconchón. Slide ha desaparecido y, con él, todos los ficheros colgados. Éste es el accidente. Así que repuse una fotografía deprisa y corriendo para rescatar la magia de los significados. No se puede dejar una casa con desconchados. Aunque no es suficiente, tenía que explicarlo. Y contar que Socotra, París y Madrid acaban siendo la misma cosa. Y el 15M, por el que se abrió esta bitácora. No hay trayectoria personal aislada, aunque la haya, toda trayectoria es necesariamente colectiva. Entre lo personal y lo colectivo siempre hay una relación dialéctica. El amor es la raíz que los confunde y equilibra.

Podríamos estar ante Socotra y no reconocerla. Socotra no es sólo una isla frente a Yemen o Somalia, sino la utopía que germina en nuestro corazón solitario. Como París no sólo es la capital de Francia. París también es una película, el lugar al que se vuelve para entendernos o recordarnos. Podríamos estar ante París y no reconocerlo, parecernos una ciudad normal y corriente. Podríamos estar ante el paraíso y no reconocerlo. Su guardián no es un ángel alado con una espada flamígera en las manos, sino nuestros prejuicios y nuestros miedos. Podríamos estar ante la utopía y salir corriendo, como aquel hombre que buscaba a dios y, al encontrarlo, salió huyendo colina abajo, aterrorizado, ante la perspectiva de tener que buscar un nuevo sentido a su vida. Podríamos estar ante la libertad, Madrid nos podría entregar la libertad mañana, y no reconocerla. La libertad es un reto al que miramos aterrorizados. El amor es otro reto, acaso el reto, al que también miramos con recelo.

Cuando nos observamos por la mañana en el espejo no sé si nos reconocemos. ¿Somos ése que vemos? ¿No lo somos? ¿O precisamente porque lo somos reconstruimos nuestra imagen con el peine y el maquillaje? La imagen que sale a la calle es lo reconocible, pero no siempre es la que nos examina desde el espejo, el verdadero ser humano que nos habita no nos resulta reconocible y por eso nos apresuramos a cambiarlo, a “mejorar la imagen”. No sabes cómo me levanto por las mañanas, decimos. Claro, por las mañanas siempre nos levantamos sin máscara.

Podríamos estar ante dios y no reconocerlo o, reconociéndolo, podríamos huir de él, no ya por miedo como el que huye de él en el relato de Tagore, sino porque se parece demasiado a nosotros. Dios se parece a nosotros, es como nosotros, tan imperfecto y tan poderoso como nosotros, nosotros somos dios o dios es cada uno de nosotros, es nuestra creación y nos reta. Eso es lo que nos aturde. Que no necesitamos a nadie, aunque necesitemos a todos, aunque nos necesitemos todos, es decir, que no necesitamos salvadores ni iluminados, nosotros nos bastamos. Conocemos el camino a Socotra. Es decir, sabemos qué hacer de nosotros y de nuestros problemas, aunque no fueran nuestros al principio, sabemos qué hacer de esta crisis, por ejemplo. Sé qué hacer de mí, sabes qué hacer de ti, sabemos qué hacer de nosotros.

Estamos ante unos fantoches y no los reconocemos. Rajoy, Merkel, Aguirre, fantoches. Y toda su cuadrilla de cómplices y generales de campo, fantoches. Por interés propio o de los jefes a los que sirven. Cayo Lara, Rubalcaba, Toxo, Méndez, fantoches asimilados. Por ineptitud irredenta. Todos, una vieja casta de cretinos, defensores de un mundo en declive, en trance de desaparición.

Y estás tú, pero tú eres otra cosa. Tú eres lo importante.

Reviso las notas de la última manifestación de Sol, sobre la que no escribí en su momento, aunque guardé las octavillas, y me doy cuenta de que podrían servir para ésta. La protesta ha envejecido. Desde hace año y medio. Acaso porque los problemas han envejecido. En eso consiste la vejez: en ser hoy como ayer, o como se será mañana. Lo viejo es previsible. Ya no se puede ser otra cosa sino lo que se es. O lo que se fue. El neoliberalismo nos quiere devolver al siglo XIX. Lo que se es y lo que se fue para un neocon es lo mismo.

En Sol y hoy en Colón sólo hay ciudadanos. Solos.

La policía tomó un día Sol y en esta ocasión ha tomado los alrededores de la sede del PP. Nos tienen miedo y quieren que sintamos miedo. Nos llamaron a las urnas y nos han abandonado. Repito: parece que nos tuvieran miedo. Quizá porque pensamos.

Me gustaría pensar que nos tomamos a nosotros mismos.

Uno tiene la sensación de que el 15M ha sido violado. Ha habido voces que han sido borradas y otras que se han sumado al circo de los acomodados.

En Grecia: semana laboral de 6 días y jornadas de 13 horas.

En España: se desmonta la investigación pero se amplían créditos a defensa.

Son dos ejemplos. Cualquiera puede hacer la relación completa sin mayor esfuerzo. Sanidad, enseñanza. No importa. Lo que está en juego es nuestra vida. Tu vida. Mi vida. Vivir. Se trata de vivir. En Sol se trataba de la vida.

Es la hora de la política, aunque no es la hora de estos políticos, de ninguno de los que se sienta en cualquiera de los parlamentos. Es la hora de ocuparnos de la política.

Espero que nadie me hable de patriotismo.

Es la hora de viajar a Socotra. No sé si decir que te necesito. Lo digo. No me gustaría ir solo. Pero iré si es necesario.

Es la hora de completar el equipaje.

Cuando llegué al paseo de Recoletos, me senté en la hierba, con la espalda apoyada en un árbol. Y me puse a leer un libro. No diré cuál. Sólo diré que habla de Socotra. Sin saberlo.

En Sol una muchacha leía Catcher in the rye, de Salinger, en inglés, El guardián entre el centeno, que en realidad es una historia iniciática.

Tenía que haber traído a Gaia. Le habría gustado.

Gaia está en el origen de un recorrido inciático.

jueves, 12 de julio de 2012

Ocurrencias de un jueves por la tarde



Lo peor de la derrota es acostumbrarse a ella. Te derrotan hoy, te derrotaron ayer y el mes pasado, te derrotaron en el siglo pasado, te derrotaron en la piel de tus antepasados hace dos o tres generaciones, te han derrotado en la carne de tus semejantes,... y ya te parece natural que vuelvan a derrotarte mañana.

Lo peor de los imbéciles, cuando la casualidad los pone al frente de cualquier tarea, es que no creen necesaria la inteligencia para ocuparse de su quehacer. En su necedad creen tener poder suficiente.

Lo peor de los delincuentes es la sensación de impunidad.

Lo peor de los ineptos es que todos les parecen ineptos, excepto ellos.

El peor enemigo de la libertad es el miedo. Lo demostró Erich Fromm hace 70 años, en plena efervescencia del nazismo, y parece que lo hubiéramos olvidado.

Lo peor de la democracia es que se convierta en rutina, y la hemos convertido en una rutina cada cuatro años.

La libertad y la democracia no parecen concernirnos ni interpelarnos, y, sin embargo, no podríamos llamarnos seres humanos sin ellas.

Un minero, un parado, un desahuciado,... es uno cualquiera de nosotros. Somos parte del mismo organismo solidario. Los triunfos deportivos, los de la selección de fútbol, por ejemplo, sólo son artículos de lujo en un escaparate de Serrano.

Es una idea que repito con frecuencia, cambiando sólo las palabras: la banca, los inversores, los empresarios,... y sus lacayos, los economistas, los periodistas, los políticos,... se han encerrado en Versalles y celebran fiesta tras fiesta, como si el mundo fuera Versalles, mientras la gente de París pasa hambre en las calles, y protesta. Cualquier día alguien dará el primer paso y todos asaltarán la Bastilla. Y también esta vez la guillotina ocupará las plazas.

Nos dicen: no hay otras recetas que nuestras recetas. Distintas de las que nos están imponiendo y de las que proclaman con su vocecilla necia la izquierda socialista, radical o como se llame. En la utopía del horizonte, sin embargo, yo veo una sociedad que no lleva adherido el adjetivo de capitalista.

A veces nos preguntamos por qué. ¿Por qué, cómo hemos llegado hasta aquí? Hemos permitido que nos administren la libertad y la democracia, y eso sólo es ocupación de cada uno de nosotros. Y el abandono nos ha degradado, personal y colectivamente. Hemos dejado de estar comprometidos con nosotros mismos y hemos convertido la libertad en libertad de elección entre diferentes marcas en el supermercado. Sampedro lo ha dicho de otra manera: libertad de expresión, sí, pero lo esencial es la libertad de pensamiento.

Unos pocos datos que no debemos olvidar, y que muchos empiezan a obviar o disfrazar (basta ver algunos artículos en la Cadena Ser, El País y Público, por ejemplo): la crisis no la hemos creado nosotros, sino su propia voracidad; la crisis no es coyuntural, sino sistémica; la crisis no es sólo económica ni tiene una raíz exclusivamente económica, sino, sobre todo, ética y de principios; la injusticia, la desigualdad entre los hombres es una condición y una necesidad del sistema para su supervivencia, no un fallo en sus engranajes.

El PP sólo es el actual trampantojo de la crisis. No conviene quedarse en las risas ni en los aplausos obscenos de ayer cuando el jefe de los cretinos de derechas anunció las últimas medidas fiscales y sociales, es decir, cuando perpetraron el último delito de lesa ciudadanía. No. Conviene mirar detrás y quizás hallemos en su representación chulesca la razón de su debilidad y de nuestra fortaleza.

Han mentido, mienten y seguirán mintiendo. La verdad es el primer rehén que se cobró la crisis.

lunes, 9 de julio de 2012

Diez platos y una orla



Nos reunimos todos, es decir, los cuatro, aunque éramos cinco. Porque últimamente las familias crecen por los costados, que tampoco está mal. También estaba Gaia, porque Gaia nunca falta. O sea, que éramos seis. Gaia es una persona que articula las palabras con los ojos y con el rabo. Las palabras del rabo son muy precisas, aunque en ocasiones se expresa con sinónimos.

Había que celebrar diferentes cosas. Por ejemplo, la principal: el cumpleaños de Clara. Clara cumple años todos los años por estas fechas. Y una orla. Es decir, el final de una carrera. Podría añadir: brillante, muy brillante, uno de los mejores expedientes de su promoción. Pero si lo añado, se enfadará y dirá que es injusto. Pero lo añado aunque se moleste, porque los jóvenes, es decir, nuestros hijos, además de sufrir el 54% del desempleo son  brillantes, muy brillantes, trabajadores, muy trabajadores, esforzados, decididos, imaginativos, y capaces, al mismo tiempo, de inventarse el 15M. El 15M no lo inventó ninguno, pero entre todos los inventaron. Al final de la comida hablaríamos del 15M, del desierto intelectual de España, de la falta de alternativas reales al sistema, es decir, del silencio al que se somete a quienes están pensando en otro mundo radicalmente distinto las fuerzas que controlan la información y la cultura, derecha o izquierda, da igual, a todos los sobrepasa la realidad de un mundo agotado y en proceso de extinción.

También celebramos que teníamos en nuestras manos los primeros ejemplares de La mala memoria. Con cierto disgusto, porque en la impresión han cometido el error de dejar un margen derecho demasiado estrecho al desbarbar con la guillotina. Procuraremos que lo subsanen en la siguiente impresión.

Hace dos semanas que preparábamos el menú. Habíamos decidido que el plato principal sería arroz con bogavante. Así que el viernes compramos tres bogavantes estupendos en el mercado de Maravillas. Y unos gambones, también estupendos. Medio bogavante por cabeza. Sobraba medio bogavante, para hacer un salpicón de bogavante entonces.

Teníamos decididos los postres. Varios, en pequeñas raciones: mousse de chocolate, blanco y negro, es decir, dos mousses distintas (deberíamos decir espuma, que eso significa mousse en francés, pero el lenguaje culinario es muy francés); crema de yogur con dátiles y galletas con fruta y cobertura de chocolate (blanco y negro). Al final no hicimos la crema de yogur ni las galletas, porque nos asustó tener que comernos tantas cosas, y allí se quedaron los ingredientes.

Y teníamos decididos los entrantes, pequeñas cantidades. Los anoto conforme se me van ocurriendo: mejillones con vinagreta, ajo blanco, vichyssois, salmorejo, suflé de espárragos, champiñones con huevo de codorniz y jamón, aperitivo de champiñones (elaborado con los pies de los champiñones, ajito y jamón), gambones a la plancha (no había langostinos frescos en el mercado), salpicón. Al final, no hicimos el suflé y allí quedaron los espárragos, pero puso Paula unas extraordinarias lonchas de mojama de atún rojo que trajo hace una semana de Huelva. 

Evidentemente, sobró de todo. Y tomamos café. Y salimos a dar un paseo a eso de las siete de la tarde. Y no sé de cuántas cosas más hablamos. Y Clara se había encargado de hacer las fotos del convite, pero hizo sólo cinco fotos. Del arroz hizo dos: una en proceso de cocción y otra, de los restos.

Estuvo bien el domingo. Rajoy no sufre en las encuestas los efectos de la crisis, los sufre el PSOE. Curioso. En la celebración de los fastos de la selección de fútbol hubo más de un millón de personas en la calle, jóvenes en su mayoría, los del 54% del desempleo, que nunca asistirán a una manifestación de las que convoca el 15M o sus entornos. Alguien habló de miedo. También se podría hablar de desactivación de conciencias. O de pereza en el pensamiento. Yo me quedo con la esperanza y la certidumbre de una orla.


domingo, 1 de julio de 2012

Esta mañana, arcoíris

Son baldosas de cemento raro, tintadas con caldo de cemento teñido. Están frecuentemente llenas de desconchones, costras y llagas. Éste es un país donde las cosas son, desde el principio, una chapuza, podría decirse. Pero no. Lo correcto es decir que en este país está presente desde el principio la corrupción y, por lo tanto, muchas obras suelen ser una chapuza.

Pues bien, por esta acera paseo dos veces cada día, por la mañana y la tarde, mientras Gaia me sigue o corretea por las praderas aledañas. Un día hice esta foto y pensé que podría ser la portada de Crónica de la mala memoria, aunque a última hora cambié de opinión y opté por una imagen más liviana.

Por esta misma acera pasearon, desde el 14 de noviembre al 2 de diciembre de 2009, dos personajes de la novela y me trasladaron sus reflexiones.






Aquí la tenéis. A Gaia. Con su aparente despreocupación habitual. Como si no tuviera conciencia de nada, pero sabe -y lo constata con frecuencia- que apenas estoy a unos metros de distancia.

O aquí. También es ésta. Observando qué se yo qué cosa. Aunque para ella soy dios, soy un dios que no se entera de nada, más o menos como cualquier dios de cualquier iglesia.


Una acera suele ser un paisaje desolado. Últimamente, incluso sucio, porque los alcaldes, que van a la peluquería con escoltas, quieren ahorrar en limpieza.
Cualquiera de nuestras aceras muestra cómo nos gustaría ver la Amazonia. O la última playa virgen de Huelva. O la selva thailandesa. El Algarrobico sería otra prueba.

Las aceras suelen mostrar nuestra determinación a convertir el mundo en un desierto ordenado.
Y muestran la resistencia del mundo a convertirse en un paisaje urbano. Nos lo dicen con su lenguaje callado: aunque destruyáis el mundo, nunca destruiréis el mundo; destruiréis vuestro mundo, sólo el vuestro, porque el mundo tiene herramientas para reconstruirse.

El poder del cemento, que quema tus manos si las introduces en él, no puede nada contra el poder de un brote minúsculo, que encuentra el camino por el que asomarse a la energía del primer dios que probablemente tuvimos los hombres, el sol, pero que ya hemos olvidado, por otros dioses melifluos, aunque crueles y vengativos. Y olvidadizos. El sol nunca se olvida de nosotros.
La planta y el sol mantienen un diálogo eterno en un lenguaje que ambos entienden. Ambos saben que el universo trabaja para convertir en orgánica el alma mineral de las cosas. Y ellos se afanan en eso.
Cuando tú y yo, y todo rastro de nuestra descendencia, hayamos desaparecido, ellos seguirán ahí, y harán desaparecer las aceras. Las comisiones, los sobornos, la corrupción desaparecerán con nosotros. Son cosas de las aceras, que existen porque existen aceras y seres humanos como las aceras. Ese brote y el sol convertirán en orgánicas todas las aceras. Y nosotros seremos materia reciclable. Acaso veamos un día a través de los ojos de las hojas, porque son ellas las que fabrican la vida.



Estos días pensaba en la libertad y quería escribir sobre ello. He tomado unas notas. Pero no puedo escribir nada. Tampoco soy capaz de centrarme en el remate del segundo volumen de Crónica de la mala memoria. El primer volumen me absorbe tiempo en tareas que me cansan, que no tienen nada que ver conmigo ni con el libro, ni mucho menos con los motivos que me llevaron a escribirlo. Espero que pueda librarme pronto de ello. En estas cosas pensaba. Agobiado por el tiempo, tan caluroso estos días pasados y tan benigno esta noche. En todo esto pensaba, digo, cuando, esta mañana, a las 7'30, me ha sorprendido el cielo cubierto de nubes densas hacia el sur y el oeste. Y me ha sorprendido, sobre todo, y me ha emocionado un hermoso arco iris, y luego dos, como una pincelada enorme sobre la panza de las nubes. Y, entonces, me he sentado, he colgado con paciencia esas fotos que fui haciendo el otro día y he anotado esos comentarios. Y he pensado que el mundo no será indulgente con nosotros. La indulgencia es para los que aman, y nosotros ni siquiera nos amamos a nosotros mismos.

Gaia y un arco iris son más sabios que nosotros.

Lo que sigue son fotos de ese arco iris.





martes, 15 de mayo de 2012

Empanadas de carne


Ramón, El País, 14/05/2012


Ingredientes

2 paquetes de hojaldre (cada paquete contiene dos láminas)
400 g de carne picada (ésta es mixta, vacuno y cerdo)
100 g de panceta veteada
2 cebollas grandes
1 pimiento rojo
1 pimiento verde
Salsa de tomate (al gusto)
Aceite de oliva, sal y pimienta

Elaboración

Picar finamente la cebolla y los pimientos. Picar muy menuda la panceta. Si la carne no fuera picada, trocearla muy menuda o en pequeñas láminas, del tamaño de medio bocado.

Pochar la cebolla e incorporar los pimientos. Añadir la panceta y la carne. Salpimentar. Darle unas vueltas hasta que la carne se vuelva pálida. Añadir unas cucharadas de salsa de tomate (ojo, sólo unas cucharadas, no se trata de hacer carne con tomate).

Colocar sobre la bandeja las dos láminas de hojaldre y distribuir la zorza sobre ellas, dejando libres los bordes. Humedecerlos ligeramente. Cubrirlas con las dos láminas restantes y pegar los bordes. Sellar, haciendo un cordón con ellos.

Pinchar ligeramente la lámina superior. Batir un huevo y pintar la superficie de la empanada.

Introducir en el horno, previamente precalentado a 180ºC. 25 minutos o hasta que dore la superficie exterior.

Comentarios

Repaso las notas de la receta, dispongo los ingredientes sobre la encimera y me apresto a la tarea. Anoche me explicaron en casa los detalles y yo tomé estos apuntes.

Me he levantado temprado. Esto podría estar sucediendo hoy, martes, 15 de mayo, día de San Isidro, patrón de Madrid. Yo podría estar preparando unas empanadas de carne para compartirlas en la pradera del santo, en la ribera del Manzanares, con algunos amigos, pero no participo de tradiciones chuscas. Así que esto, en realidad, está sucediendo el sábado, día 12 de mayo. El grupo de amigos, que nos reuniremos a media mañana para pasar el día debatiendo sobre el futuro de nuestra universidad abandonada, nos hemos distribuido las aportaciones alimentarias, y a mí me ha tocado esto. Otros llevarán agua; otros, croquetas; otros, filetes empanados; otros, fruta; otros, sándwiches,... Podríamos debatir sobre cualquiera de las 17.500 propuestas que ha ido elaborando el movimiento 15M a lo largo del año, pero hemos decidido hablar de nuestra universidad, que no sabemos cómo aguantará el año que viene. Aunque algunos periódicos de la derechona española tiene de nosotros una idea un tanto extraña: dicen que somos malos estudiantes. Malos estudiantes... Mienten, y lo saben. Se atreven a decirlo desde un periódico, cuyos profesionales más significados apenas han terminado el bachillerato. Se atreven a decirlo unos pésimos estudiantes, que no fueron capaces de concluir estudios superiores, pero encontraron fácilmente el camino del pesebre de la caverna. Y hablan con la lengua del pesebre.

Mienten y lo saben. Aunque no mienten sólo en esto. Mienten en todo. Sobre el origen de la crisis, sobre sus causas. Sobre la naturaleza del sistema. A falta de argumentos, usan como argumento la mentira. Se han instruido en la escuela de Goebbels. Perdón, quería decir en la escuela de Fraga, una especie de parvulario goebbelsiano. Saben que, si el sistema cambia, ellos acabarán entre sus escombros.

Gallardón se sienta estos días con el padre de Marta del Castillo para hablar sobre la cadena perpetua revisable. Nadie se sienta con científicos, investigadores, profesores ni estudiantes para hablar del saber, de la ciencia, del estudio. Prefieren a los jóvenes en la cárcel a los estudiantes en universidades e institutos, dan todas las facilidades para encerrarlos pero se niegan a que nos “condenemos” a ser estudiantes perpetuos. Prefieren la mano de obra al conocimiento. Quizá porque el conocimiento es lo único peligroso.

Desde ayer, la intranquilidad me ocupa. Aunque es una intranquilidad serena. No sé si podrán decir ellos lo mismo. Ellos son Aguirre, Rajoy y la delegada del gobierno, entre otros, que nos han amenazado con el infierno si permanecemos en Sol más allá de las 10 de la noche. Y nosotros vamos a quedarnos en Sol hasta después de la medianoche. Sol es el ágora. Sol será el símbolo de la libertad y la democracia. Sol vencerá a los viejos símbolos del sistema: la imposición -o la represión- y el mercado, aunque de momento el sistema tenga en Sol dispuesta su Hidra. Un día todos nos llamaremos Hércules y haremos nuestro trabajo.

Mi padre dijo anoche: ponte mañana zapatillas de deporte. Y como lo miré con perplejidad: tú póntelas. Mi padre quiere decir que, en cualquier momento, soltarán a su tropa de cafres para explicarnos qué entienden ellos por orden. Me pondré zapatillas de deporte, pero no saldremos corriendo, no tenemos prisa para llegar a ningún sitio, ya estamos donde queríamos. Y ya sabemos que ellos también usan la porra como argumento. Y el miedo. Pero nosotros hemos perdido el miedo, cuando supimos que el miedo era la única carga sobre nosotros.

Cuando estoy a punto de cerrar la última empanada, aparece mi padre restregándose los ojos y me dice con espanto: pero ¿qué haces? Supongo que porque me he desviado de las instrucciones de la receta. He colocado la cuarta parte de la zorza sobre cada oblea de hojaldre y las he ido cerrando una a una sobre sí mismas, como si fueran grandes empanadillas. Cuando nos salimos de las instrucciones, la gente nos mira con espanto, incluso nuestros padres. Ese es el fundamento del sistema: las instrucciones.


NOTA:

Esta historia me ha llegado hoy. La publico hoy. Puede ser la historia de un chico o una chica el día 12 de mayo. A algunos los detuvieron. A algunos los maltrataron, porque la circuitería del maltrato es la única que tienen activa en el cerebro algunos personajes con uniforme. Y porque la circuitería de las órdenes es la única activa en el cerebro de los políticos de la derecha. Una muchacha que detuvieron esa noche ha dicho: “Cuando cruzar la calle es ilegal, un país se va al garete”. Pues eso. Antes de que el país se vaya al garete, nos sentaremos ante el Congreso de los Diputados, hasta que veamos salir a sus 350 ocupantes holgazanes, y los ciudadanos convertiremos la política en asunto propio.

lunes, 16 de abril de 2012

Cazadores y matarifes



En los pueblos, la gente siempre mantuvo con la muerte una relación natural. Era un hecho, como el amanecer, como la primavera, y como tal se tomaba. La gente fallecía en sus casas, allí se les amortajaba y se les velaba y desde allí salían para el cementerio. Yo descubrí la muerte con tres o cuatro años, cuando, en un ejercicio de curiosidad infantil, me asomé a una ventana abierta y observé el cuerpo rígido de un hombre sobre lo que parecía ser una alfombra o un sudario abierto. La gente lloraba la muerte de sus deudos y lloraba la muerte de la vaca que les daba la leche o del mulo que los ayudaba en su trabajo. De hecho había un cementerio de animales como había un cementerio para los seres humanos. Los seres humanos tenían su ceremonia de despedida porque tenían dios e iglesia y los animales, incluso en los pueblos, carecían de esas cosas. Pero, aun sin ceremonia, a los animales se les tenía respeto. Eran cómplices o compañeros de una forma de vida, en la que resultaban imprescindibles.

Recuerdo a mi padre cogiendo la escopeta para salir de caza. Dependiendo de la época del año, traía un par de liebres o unas perdices. Incluso, una vez, aprovechando la niebla de la mañana, logró cazar una avutarda y otra, un sisón, aves que hoy sólo se ven ya en los manuales. Con la avutarda había carne para una semana, o más, porque su tamaño es, más o menos, el de un pavo. Con el sisón, que no es mayor que una gallina, para dos o tres días, para una semana si se estiraba. Y daban para hacer caldo y arroces o patatas durante una quincena. Mi padre cazaba para alimentar a la familia. En aquella época las proteínas tenían, fundamentalmente, origen vegetal.

En las casas se criaba un cerdo, que siempre se sacrificaba a finales de año (san Martín es el 11 de noviembre, de ahí el refrán), gallinas, tal vez conejos. Las gallinas envejecían en las casas porque estaban allí por los huevos. Los huevos eran alimento inmediato o proteína en ciernes, si se incubaban en primavera y eclosionaban un montón de pollitos al principio del verano.

Cada cierto tiempo, se mataba un pollo adulto. En las casas no había sitio para más de un gallo. Yo mismo, siendo niño todavía, he matado pollos con mis manos. Era una orden natural: mata un pollo. Y lo matabas como lo habías visto hacer a tus padres. Y te familiarizabas con la muerte de los animales como antes te había familiarizado con la de tus semejantes. Matar un pollo es fácil, por eso era uno de los primeros ejercicios. Después aprendías a matar un conejo, que necesitaba un golpe certero, o una paloma. La muerte tenía que ser rápida, para no hacer sufrir innecesariamente a los animales. No hay ninguna muerte fulminante, todas producen dolor y sufrimiento. Por eso la muerte de los cerdos se encomendaba a los matarifes, que partían el corazón de un golpe certero.

La caza como entretenimiento llegó a los pueblos de la mano de amos y señoritos. Y luego del negocio. Hoy hay, incluso, granjas de codornices que se sueltan unos días antes de que lleguen al campo los cazadores aficionados de las ciudades. La cultura de la muerte tiene otro significado en las ciudades. La muerte, en las ciudades, es muchas veces, como el golf, un entretenimiento.

El ejercicio del rey estos días en Botswana tiene mucho que ver con el entretenimiento de amos y señoritos o con la diversión de sus antepasados en los bosques de la Casa de Campo o el Monte del Pardo. Lo de Botswana es, al parecer, un negocio de blancos, aunque sea un país de negros. Los negocios, en general, son cosa de blancos occidentales.

¿Por qué protesta la gente en París?, preguntó María Antonieta pocos días antes del asalto a la Bastilla. Porque no hay pan y tienen hambre, contestó alguien. ¿Y por qué no comen pasteles?, repuso ella. Supongo que Juan Carlos I no pretenderá que coman elefante los que hoy tienen graves dificultades. Y supongo que no ha leído Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes, donde Azarías sabe qué hacer cuando los señoritos se olvidan de la gente. Azarías seguramente había visto morir antes a pollos y conejos; incluso, es posible que los matara él con sus propias manos. Pero no pudo soportar la muerte gratuita de su milana bonita. La muerte de la milana bonita era un acto de desprecio. Para Azarías, una simple cuerda cumple la misma función que un kalashnikov en manos de un desesperado.

NOTA:
De acuerdo con la nueva legislación que el gobierno pretende aprobar, esta entrada podría ser constitutiva de un delito de incitación a la revuelta, castigada con dos años de cárcel. ¿Permitirá Azarías la aprobación de esta modificación del Código Penal?

martes, 10 de abril de 2012

¡Yo aviso!



Días atrás he recibido por diferentes vías un artículo con ese título. En realidad se trata de una entrada en la bitácora de Carlos Gorostiza, parlamentario socialista vasco, con la misma ilustración que yo pongo como cabecera, publicado antes como columna en la página 2 del periódico Danok Bizcaia. Días más tarde incidió sobre el asunto con un nuevo artículo titulado Yo ya avisé. Y quería escribir sobre el asunto.

Me recordó un artículo de Francisco Rico en El País contra la ley del tabaco en el que el académico y filólogo acababa afirmando: En mi vida he fumado un solo cigarrillo. Sin embargo, todos sabemos que enciende un pitillo con la colilla de otro. Causó notable controversia el artículo por esa afirmación última precisamente. Hubo quien le acusó de mentiroso, y hubo quien lo justificó, entendiendo que el aserto no era sino un recurso literario, provocador, sí, pero recurso al fin y al cabo. También se diría más tarde que la publicación, por parte de un afamado escritor, de sus experiencias sexuales con niñas de 13 o 14 años, en sus viajes por oriente, no era sino una literaturalización de experiencias y que, por lo tanto, carecía de importancia.

Es decir, la mentira o la pederastia tienen justificación cuando forman parte de un recurso narrativo, aunque escondan indecencias y prácticas abominables.

La mentira y la indecencia se han instalado entre nosotros sin que nos sintamos concernidos. Y, sobre todo, la ausencia de rigor. Lo importante es hablar, aunque se digan tonterías. Y el señor Gorostiza abunda en todo ello, tanto en el primer artículo como en el segundo.

Me explico.

Datos: Don Carlos Gorostiza Orbañanos es parlamentario por el PSE-PSOE en la cámara vasca. Como tal, desempeña los siguientes cargos o funciones: Secretario de la comisión de Industria, Innovación, Comercio y turismo; vocal de la comisión de Vivienda, Obras Públicas y Transportes; vocal de la comisión de control de EITB; vocal de la comisión de Medio Ambiente, Planificación Territorial, Agricultura y Pesca; representante del parlamento vasco en el consejo asesor de RTVE del país vasco; representante del parlamento vasco en el consejo de administración de EITB. Efectivamente, es un privilegiado y obtiene por ello unos buenos sueldos. Ignoro si alguno de estos cargos conlleva vehículo con o sin chófer, dietas, complementos económicos, etc, pero no es difícil hacerse una idea, en función de cuáles son las prácticas en otros casos.

Si uno lee, incluso, por encima, los tres primeros párrafos del primer artículo descubrirá que sólo se nos proponen unas prácticas de buen consumidor. Nada más. Cualquier buen consumidor debería atenerse a ellas. Es decir, cualquier consumidor responsable (parafraseo y comento de paso) no debería cambiar de coche cada dos por tres (¿eso afecta al coche oficial?, ¿y a la moto?, porque el señor Gorostiza también tiene moto), no debería pedir créditos para cualquier ocurrencia y debería adquirir los productos con la mejor relación calidad-precio. No necesariamente marcas blancas, sino los productos con mejor relación calidad-precio. Cualquiera que examine un envase de marca blanca observará que detrás está siempre un gran fabricante con quien la gran superficie ha firmado un acuerdo. Es decir, dejar de comprar Bimbo, por ejemplo, no le afecta a Bimbo en absoluto si es Bimbo quien está detrás de la fabricación de los productos de panadería de la gran superficie; al contrario. Y lo mismo vale para cualquier otra marca de las que relaciona el señor Gorostiza. Quizás habría que tener en cuenta cuál es la política de estos fabricantes respecto de los cereales modificados genéticamente, el uso de grasas saturadas, la expropiación de terrenos en países pobres para el desarrollo de una agricultura extensiva, la intervención en los precios internacionales, etc.

Asimismo, cualquiera debería elegir el mejor momento para comprar su ropa, sea en rebajas, outlets o cualquier otro medio, y cualquiera debería prolongar la vida de sus prendas. (Aquí cabría preguntar si el señor Gorostiza estrena traje en cada acto oficial, como suelen hacer los famosos o cada traje le dura años e, incluso, lo remienda, como insinúa, en las modistas de su barrio). Aunque también debería saber, y el señor Gorostiza parece ignorarlo, que esa práctica no le afecta a ninguno de los grandes distribuidores de ropa o calzado, como El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, H&M, Adidas, etc, son baremos calculados, ni el problema de esa distribución es el precio, sino la extraterritorialidad de la fabricación y la explotación inhumana a la que se somete a la mano de obra que realiza esa confección. Es decir, un consumidor responsable, auténticamente responsable, un ciudadano que contempla a sus semejantes como ciudadanos iguales, debería observar quién se lleva a China o Marruecos la fabricación para abaratar costes en mano de obra, aunque el trabajo lo realicen esclavos, antes del precio que pone la etiqueta. La clave del sistema en esto de la confección no son los precios ni la estacionalidad de las ventas, sino la extraterritorialidad de la fabricación. La confección se llevó a países subdesarrollados porque ya no era posible mantener a los europeos sometidos a sistemas de fabricación propios de la feroz explotación del siglo XIX.

Tampoco debería uno avisar a ninguna petrolera de que va a ir despacito o en autobús en lo sucesivo. Un ciudadano responsable debería saber que el problema del transporte no es el precio del petróleo, aunque hemos convertido su precio en un problema, sino su uso abusivo, exclusivo y excluyente. El petróleo es un instrumento de dominación, que provoca guerras y el exterminio de otros seres humanos, además de contribuir a la aceleración del cambio climático y, por lo tanto, a nuestra propia destrucción como seres vivos. Países donde los individuos han sido cosificados se sostienen gracias a los ingresos del petróleo.

Me salto el aviso a Prisa, Vocento, Mediapro,..., Barceló, Sol,... etc, en relación con el consumo de publicaciones, productos audiovisuales o vacaciones, porque su mera enumeración es en sí misma patética.

Por si aún pretendemos comportarnos como ciudadanos auténticamente responsables, respetuosos de los demás seres humanos, añado un dato más: el uso de adminículos, casi enteramente innecesarios en muchas ocasiones, como el teléfono móvil, los ordenadores, lo Ipad, etc, etc, requieren coltan, un mineral detrás de cuya explotación está la guerra del Congo, por ejemplo.

Decir, como dice este señor en su segundo artículo, que su iniciativa ha sido seguida por miles de ciudadanos, lo que explicaría la caída en la recaudación general tributaria y, especialmente, del IVA, no sólo es una sandez sino un insulto a la inteligencia ordinaria de las personas. La caída de la recaudación tributaria se ha producido porque hay cinco millones de parados, porque la retribuciones de quienes tienen trabajo han retrocedido, porque el mercado inmobiliario está parado desde hace dos años y porque el consumidor ordinario está aterrado. Una huelga de consumo como la que el señor Gorostiza propone no tiene nada que ver con la reforma laboral, por mucho que él diga que se dirige al corazón de la reforma laboral. La reforma laboral no es un asunto que vaya a incidir en el consumo, aunque esa incidencia se produzca de modo indirecto como consecuencia del desempleo y de la reducción de recursos en manos de los ciudadanos. La reforma laboral incide en los derechos de los ciudadanos, en la democracia y el la libertad. Ése el asunto de fondo. El asunto de fondo es siervos o ciudadanos, incluso, esclavos o ciudadanos, como ha puesto de manifiesto el suicidio del ciudadano griego los últimos días.

viernes, 6 de enero de 2012

Sonríe o muere



¿Ha perdido su trabajo? Qué gran oportunidad de cambiar de trayectoria.

¿Tiene una grave enfermedad? Quizá a partir de hoy disfrute de su vida como nunca.

¿No le gusta su casa? Recorte una mansión de una revista y se verá viviendo allí.
O pida un préstamo y cómprese todo lo que desee.

Y, sobre todo, no deje de sonreír, dar las gracias y sentirse lleno de optimismo.

Alguien tenía que decir ¡basta! Alguien tenía que denunciar que el pensamiento positivo, la psicología positiva y hasta la economía positiva son una dictadura. Y una broma de mal gusto. Y un peligro. Y que así nos va. En este libro desmitificador y realista, Ehrenreich pasa revista a la influencia que ha tenido en la sociedad, la economía y la vida privada la "moda positiva".

(Texto de la contraportada)


Si la vida te pone de rodillas, aprovecha para fregar el suelo.

(Proverbio del pensamiento positivo)

martes, 20 de diciembre de 2011

Cocineros




Los libros de autoayuda han supuesto una experiencia nefasta para las personas. El día que se analice el fenómeno quizá se compruebe hasta qué punto están relacionados con el sustrato ideológico del capitalismo voraz de última generación que nos ha traído el desastre de la crisis económica, social y política que vivimos.

Los coachs son el último eslabón de semejante desastre. El mundo se ha llenado de coachs, aunque antes se llamaban de otra manera.

Porque dicen qué y cómo hacer pero no son fuente de aprendizaje. Señalan un camino, no ayudan a caminar y, sobre todo, desprecian otros caminos, es decir, atentan contra la libertad.

Es como los libros de recetas. Quien los abre por primera vez confía en conseguir el plato como lo harían Arzak o Adriá. Se esmera en conseguir todos y cada uno de los ingredientes, seguir el procedimiento exacto, los tiempos, los pesos, las medidas, para alcanzar, al final, la cima del desastre y, en el mejor de los casos, una comida neutra e insípida. Porque los platos no son los de Arzak o Adriá -confundimos mercachifles con cocineros-, sino los que entroncan con nuestra cultura y experiencia personal. Porque lo importante no es dar con la lista de ingredientes y conseguir reunirla después sobre la encimera, sino, a partir de los ingredientes que se tienen, elaborar un plato no sólo digerible sino apetitoso. ¿Por qué hay que hacer un pavo trufado si no tenemos trufas y, además, son muy caras? ¿Pretendemos un plato o nuestra ruina? Un simple pastel de pavo está bien. Miremos en la despensa, miremos el frigorífico y, a través de nuestra experiencia, hagamos el pastel de pavo. O un pavo sin nada, con sólo aceite y sal, si se me apura con el añadido de un ajo frotado, si se hace lentamente (a 150º, por ejemplo) y con mimo, acaba por tener un sabor excelente. Quien lo dice del pavo lo dice del pollo. Mirad los portugueses: consiguen un pollo exquisito, mejor que nuestro clásico pollo asado, con sólo abrirlo por la mitad y hacerlo a la parrilla por los dos lados. ¿Alguien se preguntó cómo hace el cochinillo asado Cándido en Segovia? Sin nada.

La vida es lo mismo. En realidad la vida pasa por la cocina. Esperar a tener los ingredientes para preparar la comida conduce a la inanición. Esperar a tener los ingredientes de la felicidad nos conduce al fracaso. La felicidad se tiene en cualquier momento. No hacen falta ingredientes ni consejeros, sino imaginación y entusiasmo con los ingredientes que se tienen. Que nadie entienda con esto que hemos de cargar con los mastuerzos, sería como aceptar las heces como ingredientes en la cocina. No. Quiero decir que no hay que esperar a que los hijos crezcan, por ejemplo, para ser feliz. Los hijos siempre crecen muy tarde. O a tener dinero, a tener un coche, a encontrar pareja, a jubilarse, a salir de viaje, a tener una casa, a hacer la revolución, a que los banqueros se vayan a tomar por c.., a que echemos a Rajoy (le quedan 4 años), la felicidad está donde estemos nosotros, no hace falta nada más. Incluso, si el 15M ha sido nuestro último fracaso. Podemos hacer la revolución de paso.

La felicidad no es un estado, sino parte del ser, que libros de autoayuda, coachs y cocineros han convertido en mercancía. Es decir, que el sistema ha convertido en mercancía.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Hay que equivocarse




Hay que equivocarse, hay que cometer errores. Sólo el que comete errores, sólo el que se equivoca se aproxima a la verdad. Por eso dicen los budistas que antes de iluminarse hay que pasar por 3, 33, 3.333, 333.333 o 3.333.333 vidas. No quieren decir que haya que reencarnarse y pasar efectivamente por todas esas vidas para iluminarse, es decir, para alcanzar la sabiduría, para confundirse con el universo, para formar parte del océano. No. Quiere decir que en el cata y prueba se alcanza la sabiduría. Y no es por causalidad, sino como resultado del proceso de búsqueda. La sabiduría se alcanza o se consigue no por alcanzar una meta sino por recorrer un camino, en el que el esfuerzo, la dedicación, el desprendimiento, la pureza del corazón son elementos esenciales.

Eso también lo dice Fulcanelli, el último alquimista. No hay sabiduría sin limpieza de corazón. Lo primero es el corazón limpio.

No es más sabio el que más saberes acumula, eso es una enciclopedia, sino el que se abre a ellos con el corazón limpio, es decir, sin intereses, sin ánimo de obtener resultados, sin querer nada a cambio, sino por generosidad, por amor. Por amor a sí mismo y por amor a dios, es decir, al universo, al todo y a la profundidad de la nada, es decir, a la totalidad de la nada.

Está uno más cerca de la verdad, está uno más cerca de la sabiduría, está uno más cerca de dios desde el error. Desde el éxito, no, porque el éxito es un fin en sí mismo, en tanto que el error es un acicate, es un reto para volver a repetir la experiencia. El éxito no nos acerca a la sabiduría, el éxito no nos acerca a dios. La parábola del rico que no cabrá por el ojo de la aguja se puede leer en ese sentido. Botín nunca será un sabio. Y nunca verá a dios, por lo tanto. Un rico nunca será un sabio, porque tiene éxito, porque lo tiene todo, porque cree que esa es la finalidad de su estancia en este mundo. Desde la cima no hay más perspectiva que el despeñadero. Ha alcanzado el estatus supremo, no hay más que eso, en tanto que el que indaga y fracasa, el que jamás tiene éxito entiende que su interrogación no se resuelve con la respuesta -la respuesta, a veces, sólo es un espejismo-, sino con el hecho de interrogar, porque quien es capaz de hacer una pregunta está entendiendo el mundo.

La respuesta no es la que resuelve el problema, sino la pregunta. Quien nos pregunta cuántas son 2 y 2 nos propone, en realidad y aún sin saberlo, el reto de la verdadera pregunta, de cuál ha de ser la pregunta. Porque la respuesta es sencilla. Sólo hay que pensar un poco. 4 diremos. No, nos hemos equivocado. No. Esa es la respuesta de quien no se hace preguntas. Puede ser 4 o puede ser otra cosa. La pregunta conduce a otra pregunta. 4, 2 y 2, en qué circunstancias, en relación con qué se nos pregunta cuántas son 2 y 2. No es lo mismo decir qué es un adjetivo a pon un adjetivo. Cuando nos preguntan cuántas son 2 y 2 nos están diciendo poner un adjetivo. Dar respuestas es poner adjetivos. Hacer preguntas es indagar en la naturaleza de los nombres y en la naturaleza de los adjetivos.

Quien fracasa está más cerca de la verdad, está más cerca de dios. Pero no porque haya un dios misericordioso que nos otorga ese don, sino que se trata de una conquista. La verdad no es un don. La verdad se arranca. La sabiduría se arranca, nadie nos la da, nadie nos la otorga, nadie nos la concede, nadie nos la presta, no puede prestarse, se tiene o no se tiene. Puesto que la verdad es, sólo puede ser sabio quien se sumerge en ella hasta disolverse.

Lo primero es el amor, lo primero es el corazón limpio, el corazón cristalino y, después, o junto con, porque todos los procesos son dialécticos, está la reflexión, está la indagación. La indagación no es sentarse, ponerse el dedo bajo la barbilla y el otro sobre la sien, no, es mirar las cosas con amor, es introducir la ósmosis, para que las cosas nos empapen, nos invadan, nos confundan (en sentido etimológico, con-fundir, fundir con, no en el de equivocar), para que las cosas formen parte de nosotros, sean del aprendiz, como el aprendiz lo es de ellas.

Se dice -y se comprueba frecuentemente en física- que cuando se observa un fenómeno el resultado de la observación no es el fenómeno mismo sino el fenómeno modificado, porque la observación lo modifica. Es inevitable. Y eso pasa en química y pasa en biología. Incluso sucede cuando uno lee una novela o un poema, que no son la novela ni el poema que el autor escribiera. Cuando uno mira a través del microscopio un trozo de lo que sea, no ve ese fragmento, lo ve tintado, modificado, muerto, lo ven sus ojos, sobre todo, el gran traductor subjetivo, y debe construir una hipótesis en torno a qué está viendo o en torno a que estaría viendo si no estuviese modificado. Es lo que hace el científico, es lo que hace el inquieto, el incierto. La respuesta no hace al sabio. Dios es el camino.

martes, 13 de diciembre de 2011

20N frente al 15M



1.

Datos: primera hora de la mañana, domingo, diciembre, año 2011, 14 días después de la debacle, es decir, apenas las 8 de la mañana del día 4 de diciembre de 2011. Como sólo se trata de desvaríos de un demente, se quedarán aquí durmiendo durante un tiempo en forma de entrada programada. No sé si serán vómitos o calostros cuando salga.

Quizá mereciera una reflexión profunda lo acontecido en España en los últimos seis meses, quizá sea un reto que debiéramos ponernos para que no sea la derecha la que derrote al 15M como derrotó la derecha al M68. Pero no veo a nadie que lo haya iniciado ni con ánimos de iniciarlo. Lástima.

2.

Estoy cansado. Y dolorosamente harto.

Hemos dicho: debacle. No me refiero a la debacle del PSOE, sino a la debacle, también la de IU y toda la izquierda, incluido el 15M. Estúpidos los que creen haber obtenido alguna victoria. Me refiero a nuestra debacle, la debacle de todos. Algunos se han reído, se siguen riendo, incluso creen haber ganado (no hablo del PP, hablo de la izquierda), pero es la risa del cretino. Confunden risa con la mueca del esperpento. La izquierda ya sólo es una colección de funcionarios o cretinos. La izquierda ha echado panza y se ha adocenado. La izquierda en España empieza a ser un residuo.

Un 20N, hace 36 años, murió Franco y se abrió una puerta para construir la democracia, y un 20N, hace unos días, se abrió otra puerta por la que saldrían todos los fantasmas. A Franco lo derrotaron los años. A nosotros nos ha derrotado la pereza y la inapetencia. Pensar es trabajoso y los sillones reclinables son metas suficientes.

Estamos solos. Y sin ganas de nada. Lo diré de nuevo: estoy cansado. Y este cansancio de hoy y ahora es infinito. No me librará de él la primavera.

Quedan por ahí todavía algunos muchachos honestos e inasequibles del 15M. Algunos muchachos.

Al 15M lo consumió la confusión de todos y la mezquindad de unos pocos.

3.

Algunos han publicado unos libritos de medio pelo, que hemos leído, sobre el movimiento. Para ellos el 15M han sido unos eurillos más en la cuenta del banco que tanto han criticado. No haré la relación; baste decir que han sido y son parásitos de Attac y de la extinguida izquierda del cambio. No pasarán a la historia ni como panfletos. Panfleto fue "Indignaos" y provocó una marea grandiosa (no diremos imparable, porque la paró el dique del 20N).

Fue un error convertir en el centro del debate la alianza bipartidista de PP-PSOE, que consolidó al PP, potenció a la derecha casposa de UPyD y confundió a la izquierda pesebrista de IU. Si alguien pensó sinceramente en IU, Equo o la izquierda radical y verbalista, como cauces para el cambio que proponía el 15M, debería pedir hora en el psiquiatra. Si PP y PSOE representaban la avería del sistema, también los representaban IU, Equo, la izquierda radical o los sindicatos.

El centro del debate es el sistema; el bipartidismo o esta crisis sólo son los síntomas. O quizá no fuera error, sino el resultado calculado de quienes, en el fondo, han nutrido, sostenido, manipulado o se han servido del movimiento. No hay más que mirar el silencio de algunos medios tras el 20N. ¿Algunos? Todos los medios que utilizaron al 15M como bandera para agitar la coctelera de sus votos, como Público y la totalidad de las bitácoras de la III república. Pensando en la revolución que enarbolan, se les podría acusar de mencheviques, es decir, aliados del sistema, junto con los sindicatos.

4.

No sé si algunos en el 15M estarán sometiendo a revisión los últimos meses. Quizá sea la hora(*). La última manifestación de Madrid ya dio síntomas de esa necesidad. Si el problema es el sistema, es decir, la propia concepción de la libertad y la democracia, la contundente derrota del 20N debería abrir el debate.

He leído u oído que el voto es expresión de nuestra libertad. No es cierto. En los regímenes totalitarios se vota, se votó en la España de Franco, con Pinochet, en la URSS y se vota en China. Lo dice José Luis Sampedro: no hay libertad, cuando la libertad de pensamiento está secuestrada. Un voto sólo es un acto formal cuando no sirve para que nuestra opinión y nuestra voluntad construyan la opinión y la voluntad colectivas, sino que éstas nos son impuestas. Democracia no es votar, sino derecho a decidir y decidir de hecho. Hoy, independientemente de los resultados del 20N y con los resultados del 20N, también, nuestro derecho a decidir ha sido secuestrado. Nunca ha sido más formal la democracia que ahora. Nunca hemos sidos más súbditos y menos ciudadanos.


(*) En nuestra crónica del 13N ya lo sugeríamos. También señalábamos allí algunos de los problemas del movimiento 15M, para añadir a los apuntados en otras crónicas y reflexiones anteriores. En este país, sin embargo, parece que el mejor entretenimiento es observarse con delectación la circular orondez del ombligo.15M también tiene un hermoso ombligo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Me voy



Y me voy sin haber recibido mi legado,
sin haber habitado mi casa,
sin haber cultivado mi huerto,
sin haber sentido el beso de la siembra y de la luz.
Me voy sin haber dado mi cosecha,
sin haber encendido mi lámpara,
sin haber repartido mi pan...
Me voy sin que me hayáis entregado mi hacienda...
Me voy sin haber aprendido más que a gritar y a maldecir,
a pisar bayas y flores....
Me voy sin haber visto el Amor,
con los labios amargos llenos de baba y de blasfemias,
y con los brazos rígidos y erguidos, y los puños cerrados,
pidiendo Justicia fuera del ataúd.

ME VOY PORQUE LA TIERRA YA NO ES MÍA.

Porque mis pies están cansados,
mis ojos ciegos,
mi boca seca
y mi cuerpo dócil y ligero,
para entrar en el aire.
Me voy porque ya no hay caminos para mí en el suelo.
Salí del agua, he vivido en la sangre
y ahora me espera el Viento para llevarme al sol....
Salí del mar....y acabaré en el fuego.

ME VOY PORQUE LA ESPIGA Y LA AURORA NO SON MÍAS.

He andado perdido por el mundo pidiendo pan y luz.
¡Y el sol es pan y luz!
¡Miradle como sale del horno y asciende en el alba para todos,
con su doble corona de harina y de cristal!...
¡Oh, Dios antiguo y generoso, proscrito por el hombre!
Tu ahí siempre, puntual en la espiga y en la aurora
y yo aquí hambriento y ciego, con mi grito mendigo
perdido tantas veces en la historia....

ME VOY PORQUE LA LUZ TAMPOCO ES MÍA.

Hoy abrí la ventana que mira al mar y al viento
y me pareció que había abierto
la trampa que estaba aquí en el suelo
para los días de las conspiraciones y del miedo.
Si sigo aquí, ahora ya y siempre, tendré que decir:
Ahí abajo, ahí adentro...
en la cueva, en lugar de decir: Allá afuera, allá arriba....
en el viento. Me voy. Las ventanas son trampas. Ya no veo la luz...
ya no la veo.

ME VOY PORQUE LA TIERRA Y EL PAN Y LA LUZ YA NO SON MÍOS.

Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré. Y cuando vuelva, vosotros os estaréis yendo:
Vosotros, los alcabaleros de la muerte, los centuriones en acecho
bajo la gran ojiva de la puerta, los constructores de ataúdes
que al medir el cuerpo amarillo de los que se van,
con la cinta de metro y medio de los alfayates, decís siempre:
¡Cómo crecen los muertos!
¡Oh, sí! Los muertos crecen. El último traje que se hicieron,
al amortajarlos ya les viene pequeño. Crecen.
Y, apenas los entierran, rompen los tablones de pino y los catafalcos de acero;
crecen después en la tumba, fuera de la caja,
abren la tierra como semillas del centeno
y ya, bajo el sol y la lluvia, en el aire, sueltos y sin raíces,
siguen y siguen creciendo.
Yo me voy a crecer con los muertos.
Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré. ¡Y volveré crecido!
Entonces vosotros que os estaréis yendo no me conoceréis.
Mas cuando nos crucemos en el puente, yo os diré con la mano:
¡Adiós, alcabaleros,
centuriones,
sepultureros!...
A crecer, a crecer,
a la tierra otra vez....
al agua,
al sol,
al Viento....al Viento....
¡Otra vez al Viento!

León Felipe, El viento y yo

lunes, 21 de noviembre de 2011

Nombres propios, palabras



Estamos señalados por los nombres.

Me fueron a bautizar con uno y, de repente, alguien dijo qué feo, mejor otro, y me lo cambiaron: me bautizaron con el que llevo. Años más tarde, un hermano que fue nombrado con aquel nombre falleció a los tres meses de una neumonía inexplicable. Debía ser un nombre maldito.

Yo elegí los nombres de mis hijos, cada uno se llama como se llama porque hallé un nombre para nombrarlos. Hoy sé que no se podrían llamar de otra manera. Cada uno y su nombre se confunden, son la misma cosa.

No elegí, sin embargo, los nombres de mis hijas de cuatro patas. Los nombres vinieron con ellas, aunque hubo que descubrirlos. Para la primera surgió su nombre de la magia de unos libros que mi hija leía aquéllos años. La actual vino nombrada por su origen, encontrada recién nacida en medio del campo. Su advenimiento proponía una alianza. Tampoco se podrían llamar de otra manera. Ellas y sus nombres se representan, son, en realidad, también, la misma cosa.

Las brujas saben que no hay magia sin las palabras adecuadas. Las palabras convocan o ahuyentan. Hay palabras para atraer a los buenos espíritus y palabras apotropaicas.

Nombrar es un acto creativo, se dice. O quizás es que todo acto creativo trae un nombre con el que ya estará identificado para siempre. El hombre ha ideado multitud de nombres para nombrar a dios (Yahveh, Allah,…), no sé si para representarlo, para imaginarlo, para aproximarse a él o para crearlo, para inventarlo. Quizá, por eso, se imaginó a sí mismo creado por él; de la misma forma que imaginaba o inventaba su nombre, se imaginó creado o inventado por él.

¿Con qué nombre nombraríamos a Alicia, si no se llamara Alicia, al traspasar el espejo con su magia de niña? ¿Cómo llamaríamos a Juan Salvador Gaviota si dejara de llamarse así o le arrebataran su nombre? ¿Seguiría dotando al cielo de fantasía si no se llamara Juan Salvador? ¿Se llamaría Pedro su amigo? ¿Cómo sabríamos que vuela con ellos nuestra alma viajera si ellos se llamaran de otra manera? ¿Con qué nombre llamaríamos a los poetas si mañana no tuvieran el nombre que tienen? ¿Cómo llamar a Pablo Neruda si no se llamara Pablo Neruda? ¿Seguiría siendo poesía su poesía? ¿Vibraríamos con ella? ¿Nos estremecería Residencia en la tierra o Los versos del capitán? ¿Cuál sería el nombre de Rafael Alberti? ¿Habría escrito Marinero en tierra y Los ocho nombres de Picasso? ¿Cómo se llamaría Pablo Picasso? ¿Estarían seguras las palabras? ¿Qué sucedería si mañana Shakespeare o Cervantes fueran abandonados por su apellidos? ¿Se desvanecerían Romeo y Julieta? ¿Volvería a coger Alonso Quijano su caballo, su lanza y la adarga para recorrer la llanura castellana y poner el mundo frente a su espejo?

Nuestra vida es, en buena medida, un universo de nombres. Los afectos, los encuentros, las rupturas, las emociones, los libros,… cada una tiene un nombre propio. Dices un nombre y tienes unos ojos, una emoción, un día, un poema, un aroma, el sonido de una respiración,… Todo tiene su nombre y para cada cosa hay una palabra. Conozco la palabra amante por el nombre de quien lo ha sido o la palabra amigo por el nombre de los que lo son o lo fueron. Sé lo que significa la palabra amor porque cada vez que amé tuve una palabra para nombrarlo, su nombre. Cada nombre definió, matizó, llenó de tiempo infinito la emoción, el sentimiento. No hay emoción sin nombre propio, ni sentimiento, ni sonrisa. No somos nada sin los nombres. Amas porque tiene nombre quien amas.

Así que si un día descubres que el nombre que pronunciabas no es el nombre, ese día te encuentras perdido. ¿Qué es lo que no era cierto?


NOTA:

Esta disquisición fue escrita, como otro artículo anterior, hace dos años. Tenía yo una pelea con los nombres que entonces no pudo ser resuelta. Después, sí. Hoy mantengo un combate sangriento con las palabras por otras razones. No venceremos ninguno, es un combate duro pero amigable, y nos dejará heridas. Espero que las cicatrices guarden, bajo su costra, los mensajes necesarios para encontrar parte de la luz que todavía nos falta.
Item más: esta entrada lleva programada desde hace un par de semanas. Los acontecimientos la han ido desplazando para dejar hueco a otros comentarios de actualidad. Espero que éste sea el último intento, aunque no es seguro (tengo entradas programadas desde agosto que tal vez ya nunca sean colgadas). Allá va.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Breves (menos)


La libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix, Le Louvre



1. 
El viernes visitamos la exposición de Delacroix que, desde el 18/10/11 hasta el 15/01/12, propone CaixaForum de Madrid. Aunque resulta de la colaboración con el Museo del Louvre, no figura entre los cuadros La libertad guiando al pueblo. Sin embargo, todos son tan reconocibles como éste. Aunque algunas pinturas recuerdan el clasicismo italiano, por sus fondos planos y sombríos, en general uno es consciente de estar ante el romanticismo y la revolución que convulsiona en ese momento a la sociedad francesa. No queda nada de la pintura palaciega y de encargo que lo preceden, sino que nos presenta la dureza de la vida cotidiana y los esfuerzos del hombre para sobrevivir. En todos los cuadros, se percibe la determinación y la lucha. No hay escenas contemplativas ni de estudio, en todas sale el pintor a la calle y capta al ser humano en movimiento, en plena actividad, en la dura pelea consigo mismo y con el entorno. Delacroix no ofrece una mirada neutra, sino que adopta una posición ideológica, se mezcla con sus personajes y se pone de su parte. Cuando terminas la visita, tienes la sensación de haber realizado un gran trabajo. Estás sofocado. Y con la seguridad de haber sido interpelado. No es posible mirar solamente, hay que tomar decisiones, optar y comprometerse.

2.
Las diferencias entre la teología de la liberación y la jerarquía católica no son de interpretación doctrinal o teológica, aunque algunos lo disfracen de eso, sino de perspectiva. La jerarquía pone ante los hombres el plan salvador de su dios, mientras los de la teología de la liberación se sientan con el hombre, convocan al dios hecho hombre, y entre todos diseñan y acuerdan el camino que los repondrá en el paraíso. Por eso la jerarquía se alía con Franco, Pinochet y los dictadores argentinos, mientras los de la teología de la liberación están con la gente en todas sus luchas diarias, con los pobres y desheredados, como si amplificaran el mensaje del Sermón de la Montaña. Juan Pablo II, por ejemplo, reconvino a Cardenal y calló por Pinochet. En el monte de los olivos, al frente de los soldados estaba la jerarquía, y en el juicio del hijo del hombre estaba la jerarquía y la jerarquía estuvo en su condena. En España, hoy, la jerarquía se alía con el PP y a los demás nos amenazan. Esta jerarquía se llevaría bien con Anás y Caifás. La jerarquía, los mercados y la ausencia de libertad y democracia -o la libertad y la democracia prostituidas o descafeinadas- son lo mismo. No recuerdo ningún cuadro religioso de Delacroix, salvo algunos de Jesús en relación con la cruz (quizá debido a su apellido).