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lunes, 15 de noviembre de 2010

Política en breve




1.
Ha dicho González Pons, portavoz del PP, que el secretario general de los socialistas vascos ha mostrado su connivencia con ETA y que el PSOE debería expedientarlo y expulsarlo del partido. Ellos lo habrían hecho con Basagoiti, su presidente en Euskadi. Cuando ha terminado no se le ha caído la cara de vergüenza. Porque se sabe falaz. Y recuerdo: viene de Valencia, donde fue consejero del gobierno y luego portavoz de la asamblea, antes de aterrizar en Madrid, cuando estaba en pleno desarrollo el embarazo extrauterino de la trama Gürtel. Pregunto: ¿qué hacen Camps, todo su gobierno, el comité ejecutivo valenciano, él mismo, sin expediente? ¿Estarán esperando a cambiar de traje?

2.
Bajo una foto del rey Juan Carlos saludando a Khalid Bin Sultan Bin Abdulaziz, Viceministro de Defensa y Aviación Civil de Araba Saudí, la edición digital de Público anuncia un artículo sobre un viaje privado del rey por los países de la zona. El título dice: Los amigos del Golfo. Gracias a que la nueva gramática española sigue diferenciando entre mayúsculas y minúsculas no se corre el riesgo de caer en confusiones en este caso.

3.
El PP catalán conmina a los inmigrantes a regresar a su país cuando se queden en paro. El eufemismo tienen el nombre de Contrato de Integración, y lo defiende Alicia Sánchez Camacho en su programa a las autonómicas catalanas. No habla de trabajadores desplazados, un trabajador desplazado regresa a su lugar de origen, sea cual sea, cuando acaba su trabajo, está hablando de inmigrantes, es decir, de personas que salen de país para establecerse en otro, personas que buscan organizar su vida en un país diferente de aquel en que tienen su origen. ¿Eso no es xenofobia?

4.

Alicia Sánchez Camacho no quiere llamar matrimonio sino de otra manera a las uniones de parejas homosexuales. No sé de qué manera. Sin embargo, reserva la adopción a los matrimonios tradicionales. Un niño, dice ella, necesita un padre y una madre. ¿No le bastará con que lo amen? Me pregunto: la propuesta de la señora Sánchez ¿es un cambio de nombre u otra forma de segregación?


viernes, 5 de junio de 2009

Adopciones





Lo oía esta mañana en la radio, a propósito de lo que hará la gente este fin de semana. Alguien enviaba un correo a la emisora y decía que se proponían hacer una gran sardinada en la barbacoa para toda la familia, porque habían conseguido el Certificado de Idoneidad para Adopciones Internacionales. Y me he dicho: o sea, que hay que pasar por tribunales y especialistas para que se nos acepte como candidatos para adoptar. Bien. Nunca entendí estas cosas. No que la sociedad exija el cumplimiento de un perfil mínimo para que un niño forme parte de una familia, sino que esa exigencia se limite a las adopciones. Aquí cualquiera echa un polvo y se convierte en padre o madre. No se le exige un nivel cultural, un nivel mínimo de ingresos que garantice el futuro del hijo, un equilibrio sicológico, una estabilidad familiar…. Eso da igual. Un polvo da derecho a un hijo, sin más, pero quien desea tenerlo sin pasar por el embrión, mediante la adopción, tiene que acreditar que cumple con los requisitos de un catálogo amplio y exigente. Un niño adoptado tiene que vivir en una familia con una economía saneada, pero un hijo biológico puede vivir en una chabola, entre ratas y excrementos. Un niño adoptado debe tener garantizado un proyecto aceptable de vida, pero un hijo biológico puede estar condenado a la miseria, al maltrato, al abandono. Por eso digo que nunca entendí estas cosas. Quizás empiece a entenderlas el día en que para ser padres biológicos también haga falta obtener un Certificado de Idoneidad.