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sábado, 27 de noviembre de 2021

Manzanares y el gobierno de los bárbaros

Antigua fábrica de harinas


En la calle Anega hay tres solares tapiados, dos de ellos recientemente y el tercero con un cartel de “Próxima construcción” desde hace al menos tres años. En esos solares hubo antes edificios que fueron derruidos por amenazar ruina o que colapsaron por la vejez. En la calle Empedrada, la calle comercial por excelencia de Manzanares, hay otro solar cerrado. En la calle Pedro Capilla, un alcalde franquista, hay un edificio vallado, porque sus muros se están desmoronando, y un solar tapiado. En las calles Emiliano García Roldán, Nuestro Padre Jesús del Perdón, Virgen de la Paz, Padres Capuchinos, Virgen de Gracia,… también hay solares, que compiten entre sí por conformar el esqueleto edilicio derivado de la voraz descarnadura urbanística del pueblo. O de la ciudad, el alcalde prefiere decir ciudad. En Manzanares abundan las calles dedicadas a la confesión católica y a franquistas, los locales comerciales desocupados, los edificios industriales abandonados, las viviendas deshabitadas y los solares: es el vacío y la exaltación obscena del vacío. No hay calle sin su solar, cercado, vallado o convertido en aparcamiento improvisado, y/o su edificio amenazando derrumbe en Manzanares. En total, al menos 500 solares y 1000 edificios en riesgo de ruina. Manzanares tiene actualmente menos de 18.000 habitantes censados, y la población disminuye año a año de una manera incesante. En Manzanares hay muchos más negocios abandonados o clausurados que en funcionamiento, y habrá más con el paso del tiempo. El Mercado Municipal, el centro comercial por excelencia para los ciudadanos en el pasado, está hoy prácticamente abandonado y su espacios se dedican a actividades paradójicas, extrañas a su naturaleza. Manzanares será en breve un cadáver urbano tendido al sol, ocupado por fantasmas del pretérito y fantasías de charlatanes.

Manzanares languidece. Es posible que todo esto no sea exclusivo de Manzanares, que también lo sea de Membrilla, La Solana, Daimiel, Valdepeñas,… de toda la provincia e, incluso, de toda la Comunidad Autónoma, pero aquí nos toca ocuparnos de Manzanares, que es en donde se nutre nuestra experiencia. También hay otros rasgos comunes a todos los municipios, dos de los más significativos son la despoblación y la desertización derivada del irracional aprovechamiento de la tierra y de la sobreexplotación y contaminación de los acuíferos. Hace tiempo que el río Azuer es sólo una cicatriz reseca del paisaje, mientras el término municipal y su comarca se van convirtiendo en el prototipo del páramo.

Manzanares se vacía y se queda sin población y sin expectativas. Al menos, el 50 % de las viviendas están deshabitadas y el 75 % de los locales comerciales están cerrados y sin actividad. No tenemos acceso a las estadísticas, si es que existen, pero basta observar con detenimiento la terca realidad de las calles, donde prima el abandono, y los desvaídos carteles de “Se vende” o “Se alquila” colocados en fachadas, ventanales y cristaleras, en muchos casos desde hace años, para constatar esa impresión desoladora. No hay trimestre en que no se cierre un nuevo negocio.

Manzanares se está cayendo a pedazos. Literalmente. Solares, cercados o no por bardas o tapiales, convertidos en escombreras, criaderos de ratas, refugios de palomas o sucedáneos de aparcamientos públicos, como consecuencia de la ruina o el derribo de los edificios que sobre ellos se levantaban, por vejez, abandono o especulación inmobiliaria. No hay calle en Manzanares donde no se evidencie esa deriva. No hay calle en Manzanares donde no haya un edificio en ruinas o a punto de desmoronarse. Buena parte del patrimonio histórico urbano ha sido convertido en escombros: el Casino, el Gran Teatro (el actual es un discutible remedo),… En Manzanares no hay planificación urbana, la iniciativa urbanística está en manos de un reducidísimo oligopolio depredador de raíz franquista, y la especulación inmobiliaria a la antigua usanza campa a sus anchas. Edificios vacilantes cercados por vallas o que se derrumban. Cornisas que se desploman. Fachadas que se desprenden a pedazos. Y nada de eso se repara. No hay ni una sola calle que no esté atravesada y/o con sus paredes cubiertas por cables de todo tipo, incluso de media tensión. También son habituales los postes en medio de las aceras para sostener esos entramados. En la exposición de acuarelas de Gonzalo Serrano en la Biblioteca Municipal (16-30/10/2021) hay un llamativo detalle que destaca en todos los cuadros: los cables que cuelgan por todas partes como la peor de las pesadillas.

Manzanares se cae, pero su alcalde y su corte de concejales han decidido arrancar los árboles que jalonaban la calle Toledo desde su principio hasta el cruce con la Carretera de La Solana -los que van del cruce de la Carretera de La Solana hasta las vías del ferrocarril están a salvo de momento, porque no parecen molestar todavía a la corporación o porque cimientos e imbornales han desarrollado algún sistema para defenderse de la “gran agresión arborescente”-, y sustituirlos por unos plumeros que llaman palmeras, como parte del plan de peatonalización del entorno del Gran Teatro, porque dicen que los árboles afectaban al alcantarillado, a la estabilidad de los edificios y a la seguridad de los ciudadanos. Un burdo argumento pergeñado para incautos e interesados o incondicionales, apescados al pesebre municipal o su periferia, porque se trata de árboles que llevaban ahí puestos más de 20 años. En todas la ciudades y pueblos del mundo hay árboles sin que los alcantarillados ni los cimientos de los edificios se vean afectados, salvo en Manzanares, en palabras del alcalde, la concejal de urbanismo, alias concejal delegada de los plumeros, y un “experto” apesebrado. Un guion muy propio de charlatanes que carecen de argumentos. Sería interesante conocer los detalles de los informes técnicos, si es que existen, que respaldan la decisión arboricida. Si existen y han sido redactados por los mismos “expertos” que han diseñado y planificado la obra de peatonalización, nos encontraremos con toda seguridad más de una sorpresa: la obra no incluye, entre otros dislates, el soterramiento del cableado ni de la irrigación por goteo, y los plumeros habrán de ser regados con cubos o con cisternas, como ya se está haciendo.

Antes vieron la motosierra unos árboles que “molestaban” en las inmediaciones de Fercam, para construir a los “viejos” una pista de petanca, en sustitución de la que se les había arrebatado con las obras de ampliación de la feria. Y la padecieron también otros árboles de la Carretera de la Solana, en el margen del solar aledaño al cuartel de la Guardia Civil, quizá porque no “encajaban” en el diseño del nuevo centro comercial de Mercadona. También sufrieron la motosierra los setos de los accesos a los paseos del río o se habían arrancado los del paseo de la Estación y los de áreas del paseo de Castilla La Mancha, los próximos y los del entorno de la rotonda de los bomberos. O los cipreses que flanqueaban el único acceso peatonal al cementerio, hoy desaparecido tras una intervención salvaje en sus inmediaciones, disfrazada de planificación y de progreso, que bordea, por cómo se ha realizado, los delitos de prevaricación y contra el medio ambiente. El fervor arboricida viene de lejos y parece tener largo aliento. En el paseo del río y en sus inmediaciones hay al menos una decena de pinos talados desde hace tiempo, que no parece que vayan a ser repuestos. Los pinos, los setos y los cipreses ¿a qué imbornales y edificios afectaban?

Aseguran desde los servicios técnicos que los tilos de la calle Toledo, como los cipreses del camino del cementerio, no han sido talados, sino trasplantados al parque o al entorno del punto limpio, pero no es cierto o es una torticera verdad a medias. La información puede leerse en las web de Lanza y del Ayuntamiento, con una redacción prácticamente idéntica. Sólo desde la ignorancia o la mala fe se puede afirmar semejante cosa. Un trasplante es una actuación compleja, que requiere pericia, medios y tiempo, justamente de nada de eso se ha dispuesto aquí, donde la operación se ha acometido sin preparación y apresuradamente, con un camioneta, una marrana, una motosierra y una retroescavadora. En la calle Toledo había unos cincuenta tilos y sólo veinte han sido trasplantados, aunque previamente desmochados, desposeídos de la mayoría de sus raíces y desangrados, y el resto ha sido desmembrado y retirado. Hemos visto los trozos y los tocones arrancados junto a los hoyos de los alcorques. Sobre la viabilidad y el enraizamiento de estos trasplantes de hacha y azadón no se asegura nada, lo descubriremos en un año cuando se hayan secado. Media docena de cipreses del paseo del cementerio también fueron desmochados y trasplantados; el resto de entre los más próximos a la obra están siendo literalmente destrozados o desecados.

Un detalle más sobre los cipreses del paseo del cementerio: en el área comprendida entre el cementerio y las llamadas calles II y III, se vertieron y amontonaron, se supone que con permiso del Ayuntamiento, cientos de camiones cargados de tierras extraídas de la parcela urbana donde se levanta el nuevo centro comercial de Mercadona. Tenemos las fotografías del desaguisado. Es decir, miles de toneladas de tierras mezcladas con pedruscos y escombros, que después han sido extendidas y aplanadas, cuyo encaje en los Reales Decretos 646/2020, de 7 de julio, y 105/2008, de 1 de febrero, que regulan precisamente estos vertidos, no resulta sencillo de realizar. En esta operación, planean de nuevo los delitos de prevaricación y contra el medio ambiente. El camino de acceso al cementerio era público desde la construcción de la necrópolis, así que surgen dos preguntas: Una. ¿Se han seguido todos y cada uno de los procedimientos legales para su desafectación? Y dos. ¿Se ha previsto un acceso peatonal alternativo al destruido o todo es resultado de una grotesca improvisación propia de zopencos? Ah, y continúan los vertidos en la zona.

Alguien debería investigar de dónde proceden los plumeros de la calle Toledo, si se ha sacado o no a concurso su adquisición, con quién y en qué condiciones se ha contratado su suministro, con qué objeto real se plantan y qué intereses esconde esa decisión, porque es difícil creer en semejante impericia, ineptitud e incompetencia. Las palmeras tienen pocas raíces, efectivamente, pero es una especie invasora y hay otras especies de árboles con poca raíz más propios de nuestro ecosistema, como los arces o los plátanos de sombra, por ejemplo. La ciudad no es un jardín ni un patio, sino un hábitat y un entorno humano, que facilita la convivencia y la hace más amigable, donde los árboles, aparte de su función decorativa y de sostenimiento del medio ambiente, fabrican oxígeno a partir del CO2, corrigen las temperaturas extremas, dan sombra, sirven de cobijo a las aves, crean microclimas que hacen más agradables los entornos y dan sentido y equilibrio vital a la ciudad y a sus habitantes. Los plumeros instalados en la calle Toledo no pueden cumplir esas funciones. Además, son horriblemente feos.

El desmoronamiento urbanístico, y también social, político y económico (en estos aspectos entraremos en próximas entregas) de Manzanares no es un asunto de hoy, sino un proceso. No es el resultado de una resolución reciente o un accidente fortuito, sino que viene de lejos, una consecuencia de intereses espurios y/o resoluciones políticas convergentes, equivocadas o negligentes, tomadas por ineptos, o prevaricadores, cohechadores y cohechados disfrazados de ineptos, que no responden a un plan de ciudad ni a un proyecto de comarca, ni tampoco a un proyecto de Comunidad ni de país. No hay un proyecto de ciudad. Hay una sucesión de ocurrencias y medidas inconexas, inspiradas en las economías del ladrillo y el turismo fraguista y los planes de desarrollo franquistas, encaminadas exclusivamente a forjarse una imagen para intentar ganar las próximas elecciones, que exalta y amplifica la televisión municipal, al servicio exclusivo del alcalde de turno, y para sugerir que se está haciendo algo, cuando en el fondo no se está haciendo nada. Nada quiere decir: nada que no sea viejo, que no haya fracasado o que no nos haya llevado al callejón sin salida de la desertificación y el vaciamiento poblacional. Pero nadie se remueve ni alza la voz contra este desbarajuste. El gobierno municipal y la oposición están cómodos en el desatino. Quizá porque, en Manzanares, todos y cada uno de los gobiernos que ha habido se han limitado a gestionar la herencia del franquismo sin cuestionarla, a administrarla sin molestar, sin revisarla. Sin proponer un proyecto de futuro, emancipador y verde, democrático, que devuelva al ser humano al centro de la vida y considere a la naturaleza su aliada, firmando un pacto con ella. En el fondo, independientemente del signo de los gobiernos que ha habido en los últimos 45 años, gobiernan y controlan Manzanares los mismos burgueses nacionalcatólicos, los mismos capitostes y caciques casposos, incultos y depredadores, que conspiraron y pilotaron el golpe de estado, cuyo fracaso condujo a la guerra civil, que luego gestionaron el franquismo, cuyo objetivo desde el principio fue extender y consolidar el control secular de las élites apioladas a la servidumbre de la gleba. La misma derecha secular, ahora normalizada y blanqueada, porque cuentan con la complicidad de quienes, tras el trámite de la urnas, han llegado a ocupar el gobierno de la administración, que no el poder, sin impugnar ni someter a revisión el pasado, ni proponer una mirada larga, sino inmediata y de circunstancias. Y no es un pasado cualquiera: no sólo la ausencia de la libertad, la corrupción también fue su seña de identidad. Las tierras de Manzanares empezaron a esquilmarse con el franquismo, aunque sus raíces sean tan antiguas como el caciquismo. Los caciques en Manzanares se llamaban señoritos. En el Instituto Nacional de Colonización franquista tiene su origen la explotación irracional y desaforada de los acuíferos.

Las prácticas, los gestos, la simbología e institucionalidad franquista siguen presentes en las calles de Manzanares -en la plaza de don Quijote perviven el yugo y las flechas, por ejemplo-, así como en sus instituciones, asociaciones y cofradías. Muchas siguen teniendo a Franco como cofrade, hermano mayor, referente o miembro honorario, sin que ello les produzca el menor desdoro, ni siquiera sonrojo. A Franco y a algunos jerarcas de su corte genocida. La actual corporación, con aire de santurrones, aunque no pasan de fariseos meapilas, comparecen y participan, en contra de la aconfesionalidad del Estado establecida por el artículo 16.3 de la Constitución, en los actos y manifestaciones católicas del municipio como en los mejores tiempos de la gloriosa alianza nacionalcatólica de la Cruzada. Así, en la novena celebrada el pasado año en honor de Nuestro Padre Jesús del Perdón, y para interceder la protección del Altísimo frente al covid-19, que también retransmitió Manzanares10.tv. Aún más: durante la legislatura 2011-2015, encabezada por el PP, además de ciertas decisiones de discutible oportunidad, incluso indecentes, de cuyo examen se podrían deducir indicios de presunta prevaricación, incluso de malversación de caudales públicos y cohecho, como las obras de soterramiento del río y su entorno y la adquisición de la fábrica de harinas, un edificio en ruinas, sin un fin determinado, por un precio fuera de mercado, se adoptaron resoluciones que cualquier demócrata debería tildar de aborrecibles, tal fijar placas en fachadas y dedicar calles a franquistas reconocidos, responsables, por sus cargos en los gobiernos civiles y el Ministerio de la Gobernación, del dolor y la persecución de los demócratas, sin que los siguientes gobiernos dirigidos por el PSOE hayan adoptado iniciativa alguna para corregir semejante despropósito, insulto a la inteligencia y a las libertades, que no puede sino menoscabar la calidad de la democracia.

El gobierno de Manzanares está en manos de bárbaros desde hace más de ochenta años. Primero fueron los siniestros enemigos de la libertad, de la democracia, de la dignidad y de la vida, y luego han sido y son los administradores acomodaticios de ese legado. Cuarenta años cada uno.

Bárbaros eran los pueblos que habitaban allende las fronteras de Roma. Roma era la civilización y, por lo tanto, bárbaro era aquél que no hablaba la lengua de la civilización. Bárbaro es quien ignora la lengua de la civilización. Quien se expresa con el lenguaje del neolítico, entendiendo por neolítico la acepción civilizatoria que le da Santiago Alba Rico en La ciudad intangible. Según el DRAE, civilización es el “estadio de progreso material, social, cultural y político propio de las sociedades más avanzadas”. Habría que determinar qué significa progreso y qué implica eso de sociedad avanzada, hoy son términos a debate, cuando el capitalismo, construido sobre el crecimiento incesante, depredador y criminal, la injusticia y la explotación del ser humano, ha convertido el progreso en una mera acumulación de bienes -todo es mercancía y objeto de mercado-, sean o no imprescindibles para la supervivencia y la vida, está acabando con los recursos, de suyo finitos, y está llevando a la destrucción del medio natural en que estamos insertos, y, por lo tanto, a nuestra extinción como especie. El capitalismo es enemigo del ser humano y de la vida en general. El covid-19, como síntoma, el agotamiento de las materias primas y las energías fósiles, el avance de los desiertos, el cambio climático y, en particular, la destrucción de entornos naturales, como los casquetes polares o las selvas tropicales, y, en nuestro caso, de la Manga del Mar Menor, Doñana o las Tablas de Daimiel, la completa desaparición de los ríos de comarcas enteras, como la de Ciudad Real, la contaminación de acuíferos por las macrogranjas, los vertidos de residuos y la agricultura basada en la extracción indiscriminada de la riqueza y el uso desmedido de fertilizantes químicos, por poner unos ejemplos cercanos, no son sino signos de esa deriva suicida. La defunción del río Azuer es la señal más cercana. El arrancamiento de los tilos de la calle Toledo y la plantación de los plumeros en su lugar son parte del mismo extravío, que los bárbaros pretenden disfrazar.

 NOTA:

Manzanares es un pueblo de la Mancha, a la altura del kilómetro 173 de la autovía de Andalucía, con estación de autobuses y de ferrocarril, 17.962 habitantes y disminuyendo, quizá paradigma de la España que se está vaciando.

miércoles, 16 de junio de 2021

Necrofagia y dignidad

 

(Álvaro Orús, mural C.S. Tabacalera, Madrid)

Vinieron un guardia civil y un requeté, se lo llevaron y ya no supimos de él. Suponemos que lo mataron aquella misma noche o a la noche siguiente”. Lo recordaba una nieta que aguardaba la exhumación de su cuerpo, finalmente recuperado por la ARMH a finales de mayo, con otros 33 más. Lo detuvieron y fusilaron en los primeros días de abril de 1939 junto a la tapia norte del cementerio, y lo arrojaron a una fosa común extramuros de más de seis metros de profundidad. Los 34 acabaron ahí tras un paseíllo o tras la farsa de un juicio sumarísimo sin pruebas ni garantías procesales. Hay otros 250 asesinados más en otras fosas comunes del cementerio de Manzanares, todos ellos arrojados en montonera, como restos de una demolición. En total, unos 288 (digo “unos”, indeterminado, porque nunca se pueden asegurar las cifras de aquella masacre oscura, pueden ser más) cuerpos anónimos, aunque tuvieron nombre, sepultados sin dignidad. Olvidados por casi todos. Despreciados por los herederos de sus verdugos y/o los que se nutrieron y/o enriquecieron gracias al genocidio.

El 16 de agosto de 1936, fue detenido Federico García Lorca por la Guardia Civil en casa de su amigo Luis Rosales, que tenía dos hermanos falangistas. Acompañaban a los guardias Juan Luis Trescastro Medina, Luis García-Alix Fernández y Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA, que había denunciado a Lorca ante el gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán. Valdés consultó con Queipo de Llano lo que debía hacer, a lo que éste le respondió: «Dale café, mucho café». Recuerda Ian Gibson que se acusaba al poeta de «ser espía de los rusos, estar en contacto con estos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual». Sobre todo de ser homosexual, porque un español es muy macho y ha de lucir un pecho abombado. Fue trasladado al Gobierno Civil, y luego al pueblo de Víznar donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos.

Federico García Lorca fue fusilado a las 4’45 h del 18 de agosto en el camino que va de Víznar a Alfacar. Su cuerpo permanece enterrado en una fosa común en algún lugar de esos parajes, junto con el cadáver de un maestro nacional, Dióscoro Galindo, y los de los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, ultimados con él. Juan Luis Trescastro presumiría después de haber participado personalmente en los asesinatos, recalcando la homosexualidad de Lorca. Como los asesinados en Manzanares en 1939, cuerpos desaparecidos y anónimos, aunque con nombre.

El 10 de julio de 1997, Miguel Ángel Blanco fue secuestrado por tres miembros de ETA, que exigía el acercamiento de los presos de la organización terrorista a las cárceles de Euskadi. Ante la negativa del Gobierno de Aznar, la tarde del día 12 fue tiroteado en un descampado y murió en la madrugada del día 13. Miguel Ángel Blanco era un anodino concejal del PP en Ermua, pero era ante todo un ser humano. Sus asesinos acabaron con el político, al margen de su naturaleza humana, porque lo primero que hace un asesino, antes de cometer el crimen, es despojar a la víctima de su condición humana. En eso siguieron la misma pauta que los criminales de Víznar o Manzanares.

El día 11 las calles de España se llenaron de manifestantes con las manos blancas, exigiendo la liberación de Miguel Ángel y el fin del terrorismo de ETA. Pero lo mataron.

Nadie tiene derecho a disponer de la vida de nadie. Nadie tiene derecho a usar el terror ni ningún otro medio violento para imponer sus categorías. Esto fue lo que sacó a la calle el 11 de julio de 1997 a la ciudadanía, y ésta fue la génesis de la derrota de ETA. Y la transgresión de esos principios fue el origen del genocidio franquista y los 40 años de dictadura sangrienta.

Miguel Ángel Blanco tiene una tumba donde sus allegados pueden visitarlo y llevarle flores; justamente de eso carecen García Lorca y los asesinados de Manzanares. Muchos lugares han levantado monumentos o estatuas en memoria de Blanco (en Manzanares hay una), pero, sobre todo, se ha convertido en una mercancía con la que trafica la derecha con fines electorales, y algunos para labrarse un porvenir saneado.

Los familiares y descendientes de los 34 de las fosas exhumadas, ya dignificados, de los 280 que están pendientes de exhumar y dignificar, de las decenas de miles que ocupan miles de cunetas y fosas comunes, sin nombre ni dignidad, hubieron de huir de sus lugares de residencia perseguidos, expoliados, extrañados y marginados, porque eran hijos de rojos, aunque no hubieran hecho daño a nadie, porque descendían de rojos o estaban emparentados con rojos, para dispersarse, sin ningún amparo ni respeto, simplemente para sobrevivir. Seguramente han sobrevivido, en su mayoría a costa de la desmemoria, porque la lezotecnia, el extrañamiento y el autoexilio fueron la condición para pasar desapercibido, y éste la condición para la supervivencia, la mera supervivencia.

A una buena parte de las víctimas de ETA y de sus familiares les organizaron asociaciones de víctimas, AVT y Covite, entre otras y principalmente, para protegerlas, reconocerlas, acompañarlas en su dolor y darles apoyo y aliento. Fue necesario para que el dolor no se convirtiera en sufrimiento, y porque la sociedad ha de reconocer y acoger a quienes sufren las consecuencias de la barbarie de aquellos que tratan de destruir los bases de libertad, democracia, justicia e igualdad sobre las que nos organizamos.

ETA ya no existe, pero continúan existiendo los que se nutren de ella. Partidos políticos, asociaciones y particulares carroñeros, que han convertido el terrorismo en un caladero de votos y sinecuras o en una coartada para conseguir un buen puesto de trabajo. Miserables, desalmados e inútiles instalados sobre los cadáveres y las víctimas, convertidos todos en pitanza. Con la muerte de Lorca nadie se ha beneficiado, al contrario, todos hemos sido golpeados y perjudicados, todos somos víctimas; con Blanco, sin embargo, muchos han encontrado un trabajo bien remunerado. No es interés por la vida, sino por la nómina. No es interés por la dignidad, sino por la hacienda.

No todas las muertes son iguales. Los asesinados de las fosas comunes de Manzanares o García Lorca no son iguales que Miguel Ángel Blanco. Que Miguel Ángel Blanco o cualquiera de las novecientas y pico víctimas del terrorismo etarra. Los asesinados de Manzanares, García Lorca o cualquiera de los más de cien mil que permanecen en cunetas, fosas comunes o simples agujeros. Se rememora el horror de los atentados de Hipercor o el cuartel de Zaragoza, pero se obvian como si no hubieran sucedido el bombardeo de Guernika o la Espantá.

El alcalde de Manzanares prometió un panteón, lugar de reconocimiento o de memoria para los 34 exhumados el primer día del inicio de los trabajos. ¿Sólo para los 34? ¿Y los demás, los otros 250? En el fondo, sólo fue la propaganda de un charlatán: Manzanares, a día de hoy, continúa reconociendo o exaltando a franquistas, es decir, a cómplices del genocidio mediante placas, calles, medallas y simbología.



lunes, 1 de junio de 2020

Frap, franquismo y terrorismo




Al estado fascista de Mussolini lo combatieron los partisanos, no con gritos, con desprecios o cortes de mangas, sino con las armas en la mano. A tiro limpio y a bombazo limpio. Con sabotajes, con asaltos, con encerronas, con guerra de guerrillas,... con todo lo que estuvo a su alcance y atacaron todo aquello a lo que podían llegar, desde cuarteles, comisarías, centros oficiales,... a convoyes, transportes, patrullas, etc. Contra un estado que te arrincona con las armas sólo se puede combatir con las armas. Murieron soldados y murieron policías al servicio del estado fascista, y murieron partisanos. Y nadie dice que los partisanos fueran terroristas, puesto que el único terrorista era el estado fascista de Mussolini. Terrorista en cualquiera de las tres acepciones del DRAE, porque el régimen fascista italiano practicaba el terrorismo de estado. Los partisanos eran luchadores por la libertad, eran antifascistas y fueron considerados y exaltados como héroes al final de la II Guerra Mundial, donde lo que se ventilaba era justamente la libertad y la democracia.
Bella Ciao no es un himno terrorista, sino la canción que simboliza la resistencia y la lucha de los italianos contra el nazismo y el fascismo, y paradigma hoy de la resistencia contra la opresión y de la lucha de cualquier pueblo por la libertad y la democracia. A nadie se le ocurriría decir que sea una canción para enaltecer el terrorismo, aunque sí exalta la lucha antifascista.
Las Forces Françaises de l’Intérieur (FFI) fueron una organización que combatió contra el nazismo en Francia durante la II Guerra Mundial, proporcionando información de objetivos a los aliados y atentando contra las fuerzas alemanas de ocupación y las propias fuerzas francesas del Régimen de Vichy, subsidiario de Hitler. El resultado fue la muerte de muchos soldados y policías franceses y alemanes, y la muerte de guerrilleros. El terrorista era el estado alemán y el régimen colaborador de Vichy. Los guerrilleros eran patriotas franceses que luchaban por la libertad. A nadie se le ha ocurrido tildar a las FFI de terroristas, absolutamente a nadie, ni siquiera a los dementes ni a las malas personas, ni a los fascistas de Le Pen. Los héroes eran los guerrilleros, los otros sólo eran esbirros de un régimen genocida, fueran soldados o policías.
Los maquis lucharon contra el franquismo, fueron la primera resistencia armada contra el franquismo. A nadie, salvo a los propios franquistas, se le ocurre decir que fuera una organización terrorista. Quienes murieron bajo sus acciones armadas fueron defensores o protectores del franquismo, soldados, policías y, sobre todo, guardias civiles, empleados del estado terrorista, esbirros de Franco.
El franquismo fue una organización terrorista que dejó tras de sí más de 200.000 muertos, muchos de ellos en cunetas, fosas comunes, tapias de cementerios, sin identificar ni honrar, como merecen todos los muertos. Desde el primer día, desde el 17 de julio, cuando se produjeron los primeros fusilamientos en Melilla, hasta el último día de la vida del dictador, fue una organización criminal, que basó su dominio en el terror de la población y el exterminio del adversario. Lo dijo Franco y lo dijeron sus compañeros de aventura públicamente, está escrito, la Historia tomó buena nota de ello. “Estoy dispuesto a pasar por las armas a media España para conseguir mis propósitos”, afirmó Franco con desenvoltura ante un corresponsal británico el 29 de julio del 36. “Hay que sembrar el terror, eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”, son palabras del General Mola.
Todos los que lucharon contra el franquismo, CCOO, PCE, PTE, ORT, MC, Bandera Roja, FLP, FRAP, etc, incluso ETA hasta finales de 1977, con las armas o sin ellas, con panfletos, con pintadas, con movilizaciones, siempre con su propio cuerpo como escudo, no constituyeron organización terrorista alguna, esa calificación estaba reservada por el franquismo, sino antifascistas, defensores de la libertad. El franquismo fue la única organización terrorista en España desde 18 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de 1975, incluso hasta la aprobación de la Ley para la Reforma Política.
El hecho de que Carrero Blanco y Melitón Manzanas sean considerados víctimas del terrorismo, entre otros, que fueran condecorados los policías que asesinaron a Enrique Ruano, que Billy el Niño viviera rodeado de privilegios hasta el último día de su vida, que Martín Villa viva protegido frente a las requerimientos de la jueza Salvini, o que Manuel Fraga sea tenido por un padre de la democracia, cuando todos ellos son cómplices del régimen genocida, representa una grave anomalía histórica y una indignidad patriótica, que sólo puede ser consecuencia de las gravísimas insuficiencias con que se acometió la transición, lo que ha permitido apropiarse a la derecha, incluso al franquismo, la extrema derecha, del relato de los último 80 años de la historia de España, que han convertido a Franco, en palabras de Esperanza Aguirre, en socialista, y a los demócratas que lucharon contra él, en palabras de Cayetana Álvarez de Toledo, en terroristas. El desparpajo y la impunidad con la que se está moviendo la extrema derecha en España, sobre todo en los últimos tiempos, también tiene que ver con eso.
Insisto: en 40 años de historia sólo ha habido una banda terrorista en España, el franquismo, y unos terroristas, Franco y sus cómplices y camaradas, nadie más. El resto de los españoles sólo fuimos víctimas de la crueldad del régimen. Los que se atrevieron a enfrentarse a él sólo pueden ser considerados héroes.
Si este país no reconoce el papel de héroes de la libertad y la democracia a todos los que lucharon contra el franquismo, entre ellos a Javier Iglesias, José María Chato Galante y Lidia Falcón, por ejemplo, por poner tres nombres significativos, habremos perdido definitivamente la dignidad y el respeto, y nuestra democracia estará en manos de cualquier avatar que puedan inventar los mercachifles de la derecha, más dispuestos a refugiarse en la memoria de Franco que a respetar la voluntad del pueblo.

jueves, 24 de octubre de 2019

El día de la momia




Hoy se ha exhumado a Franco del mausoleo faraónico que se construyó para su gloria. Algunos de sus familiares varones lo han sacado a hombros del interior de la basílica. Apenas había dos mujeres entre los 22 familiares asistentes al acto. Entre ellos, Luis Alfonso de Borbón, aspirante al trono de Francia y con negocios en Panamá, y Francis Franco, el nietísimo, recientemente absuelto por la Audiencia Provincial de Teruel, en una de esas resoluciones curiosas de la justicia española cuando toca juzgar a ciertos individuos, de los delitos de atentado contra la autoridad, por intentar atropellar a dos guardias civiles de tráfico, y amenazas con arma de fuego a los mismos agentes. Todos tienen vidas regaladas y viven en domicilios amplios y cómodos, fruto no de su trabajo, porque suelen trabajar poco, sino de la herencia del dictador, cuyos único ingreso era su sueldo de militar. Tras depositar el féretro en el coche fúnebre, rezaron un responso con el abad del sitio, se pusieron firmes y gritaron marciales: “¡Viva España! ¡Viva Franco!” Viva, viva, varios vivas a continuación, como suele suceder en estos casos. Estos vivas, construidos con expresiones grandes y huecas, suelen pronunciarlos gentes que carecen de palabras, porque nunca tuvieron ideas. No todo sonido articulado por la voz constituye una palabra. La palabra es un acto de libertad, por eso los dictadores carecen de palabras, sólo saben pronunciar órdenes. Y una orden es un estacazo, no es una palabra. Los fieles de los dictadores también carecen de palabras, cumplen órdenes, las reproducen o emulan. En realidad los vivas son amenazas. Y por eso dejan tras de sí un reguero siniestro de cadáveres, porque carecen de palabras. Quien tiene palabras no mata, porque la vida es la primera palabra.
En el mausoleo quedan 33.000 cadáveres. O 34.000, no sé cuántos, muchos. Casi ninguno tiene nombre, así que no hay familiares que vengan a rescatarlos. Esos 33.000 cadáveres necesitan sentir el respeto de la memoria. Con ellos, los 130.000, o los que sean, que nadie pueden asegurar un número, muchos, demasiados, que yacen en cunetas y fosas comunes, todos sin nombre también. Las víctimas del genocida, que hoy ha sido exhumado del mausoleo y reinhumado en Mingorrubio. Con el respeto que se merecen las víctimas. Todos han de ser identificados y entregados a sus familias, con el reconocimiento del país. Para que la democracia sea respetable tiene que ganarse el respeto de todos sus ciudadanos, especialmente de los que fueron maltratados.
Pero aún hay más. Debe haber más. No podemos quedarnos en el traslado de la momia. Para cerrar este ominoso capítulo de la Historia. Hay que reescribir los libros de las escuelas; borrar cualquier vestigio del franquismo de los espacios públicos; revisar, incluso dar por caducados, los acuerdos con la Iglesia, todos los acuerdos; señalar a los felones como golpistas y traidores; vaciar los lugares de homenaje de asesinos, Queipo de Llano y Moscardó, entre otros, todos; limpiar los nombres de los enjuiciados por los tribunales ilegítimos de la dictadura y devolverles la dignidad arrebatada; examinar los patrimonios de los que se enriquecieron medrando con la victoria; derogar la Ley de Amnistía de 1977 y juzgar a todos los cómplices de la dictadura, especialmente a aquellos con responsabilidades criminales, por asesinatos o por torturas, Billy el Niño, entre ellos, cómo no. Sin odio, sin ánimo de revancha, sin venganzas de por medio, en nombre de la justicia, para hacer justicia, porque un país sólo puede ser respetable cuando hace justicia.
Franco ha salido del mausoleo, el lugar de su homenaje, pero el franquismo ha vuelto a ocupar con insolencia las calles para levantar el brazo y cantar el Cara al Sol, exhibir el aguilucho, reventar manifestaciones y agredir a los demócratas. Quizá no parezcan muchos, pero los que vociferan sólo son los rizos de las superficies calmas, la bicha crece y se reacomoda debajo. El fascismo es un recurso al que el poder acude cuando no se siente cómodo en su asiento, y hace tiempo que le resulta incómodo. Lo que sucede por ahí, en Bulgaria, en Polonia o Sudamérica, fijémonos en Chile, son avisos de la bicha. El franquismo no ha salido de las instituciones, sigue parasitando y carcomiendo la policía, la justicia, el ejército, los poderes económicos, los medios de comunicación,... Los cabildeos, la corrupción y las cloacas son una expresión de su paradigma. Vox sólo es su manifestación más descarada, pero los partidos que comparten con él los gobiernos y las políticas son la prueba de que la transición no ha hecho su labor quirúrgica, ni parece que tenga ya capacidad para practicarla. Así que nos consolamos con una democracia demediada, que sólo cambia al dictador de sitio.

jueves, 28 de octubre de 2010

Una pregunta tonta


Miguel Hernández, poeta




Federico García Lorca, poeta



Hay una reflexión que circula estos días sobre Herri Batasuna, ETA y las elecciones, que comparto, en el sentido de negar el derecho a participar en las elecciones democráticas a quien no condene el terrorismo, es decir, a quien no defienda como única vía de actuación política la de la confrontación pacífica. El PP se esfuerza por exhibir más entusiasmo que nadie, tratando de obtener de este debate algún rédito político.
Al hilo de esa reflexión se me ocurre una pregunta. Es una pregunta tonta.
El franquismo fue un régimen ilegal e ilegítimo que persiguió, torturó y asesinó durante cuarenta años a cientos de miles de españoles. El PP es heredero ideológico del franquismo; incluso, muchos de sus militantes y dirigentes surgieron de sus entrañas, lo ampararon y defendieron, y/o se sirvieron de él para alcanzar sus fines e intereses. Si el PP se ha negado, y se niega sistemáticamente en cuantas ocasiones se le presentan, a condenar el franquismo, si mantiene en las calles de los pueblos donde gobierna los símbolos y los nombres que lo enaltecen, ¿por qué el PP puede presentarse a las próximas elecciones? Es una pregunta tonta, pero alguien con recursos podría instar la aplicación de la ley de partidos.