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miércoles, 16 de junio de 2021

Necrofagia y dignidad

 

(Álvaro Orús, mural C.S. Tabacalera, Madrid)

Vinieron un guardia civil y un requeté, se lo llevaron y ya no supimos de él. Suponemos que lo mataron aquella misma noche o a la noche siguiente”. Lo recordaba una nieta que aguardaba la exhumación de su cuerpo, finalmente recuperado por la ARMH a finales de mayo, con otros 33 más. Lo detuvieron y fusilaron en los primeros días de abril de 1939 junto a la tapia norte del cementerio, y lo arrojaron a una fosa común extramuros de más de seis metros de profundidad. Los 34 acabaron ahí tras un paseíllo o tras la farsa de un juicio sumarísimo sin pruebas ni garantías procesales. Hay otros 250 asesinados más en otras fosas comunes del cementerio de Manzanares, todos ellos arrojados en montonera, como restos de una demolición. En total, unos 288 (digo “unos”, indeterminado, porque nunca se pueden asegurar las cifras de aquella masacre oscura, pueden ser más) cuerpos anónimos, aunque tuvieron nombre, sepultados sin dignidad. Olvidados por casi todos. Despreciados por los herederos de sus verdugos y/o los que se nutrieron y/o enriquecieron gracias al genocidio.

El 16 de agosto de 1936, fue detenido Federico García Lorca por la Guardia Civil en casa de su amigo Luis Rosales, que tenía dos hermanos falangistas. Acompañaban a los guardias Juan Luis Trescastro Medina, Luis García-Alix Fernández y Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA, que había denunciado a Lorca ante el gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán. Valdés consultó con Queipo de Llano lo que debía hacer, a lo que éste le respondió: «Dale café, mucho café». Recuerda Ian Gibson que se acusaba al poeta de «ser espía de los rusos, estar en contacto con estos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual». Sobre todo de ser homosexual, porque un español es muy macho y ha de lucir un pecho abombado. Fue trasladado al Gobierno Civil, y luego al pueblo de Víznar donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos.

Federico García Lorca fue fusilado a las 4’45 h del 18 de agosto en el camino que va de Víznar a Alfacar. Su cuerpo permanece enterrado en una fosa común en algún lugar de esos parajes, junto con el cadáver de un maestro nacional, Dióscoro Galindo, y los de los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, ultimados con él. Juan Luis Trescastro presumiría después de haber participado personalmente en los asesinatos, recalcando la homosexualidad de Lorca. Como los asesinados en Manzanares en 1939, cuerpos desaparecidos y anónimos, aunque con nombre.

El 10 de julio de 1997, Miguel Ángel Blanco fue secuestrado por tres miembros de ETA, que exigía el acercamiento de los presos de la organización terrorista a las cárceles de Euskadi. Ante la negativa del Gobierno de Aznar, la tarde del día 12 fue tiroteado en un descampado y murió en la madrugada del día 13. Miguel Ángel Blanco era un anodino concejal del PP en Ermua, pero era ante todo un ser humano. Sus asesinos acabaron con el político, al margen de su naturaleza humana, porque lo primero que hace un asesino, antes de cometer el crimen, es despojar a la víctima de su condición humana. En eso siguieron la misma pauta que los criminales de Víznar o Manzanares.

El día 11 las calles de España se llenaron de manifestantes con las manos blancas, exigiendo la liberación de Miguel Ángel y el fin del terrorismo de ETA. Pero lo mataron.

Nadie tiene derecho a disponer de la vida de nadie. Nadie tiene derecho a usar el terror ni ningún otro medio violento para imponer sus categorías. Esto fue lo que sacó a la calle el 11 de julio de 1997 a la ciudadanía, y ésta fue la génesis de la derrota de ETA. Y la transgresión de esos principios fue el origen del genocidio franquista y los 40 años de dictadura sangrienta.

Miguel Ángel Blanco tiene una tumba donde sus allegados pueden visitarlo y llevarle flores; justamente de eso carecen García Lorca y los asesinados de Manzanares. Muchos lugares han levantado monumentos o estatuas en memoria de Blanco (en Manzanares hay una), pero, sobre todo, se ha convertido en una mercancía con la que trafica la derecha con fines electorales, y algunos para labrarse un porvenir saneado.

Los familiares y descendientes de los 34 de las fosas exhumadas, ya dignificados, de los 280 que están pendientes de exhumar y dignificar, de las decenas de miles que ocupan miles de cunetas y fosas comunes, sin nombre ni dignidad, hubieron de huir de sus lugares de residencia perseguidos, expoliados, extrañados y marginados, porque eran hijos de rojos, aunque no hubieran hecho daño a nadie, porque descendían de rojos o estaban emparentados con rojos, para dispersarse, sin ningún amparo ni respeto, simplemente para sobrevivir. Seguramente han sobrevivido, en su mayoría a costa de la desmemoria, porque la lezotecnia, el extrañamiento y el autoexilio fueron la condición para pasar desapercibido, y éste la condición para la supervivencia, la mera supervivencia.

A una buena parte de las víctimas de ETA y de sus familiares les organizaron asociaciones de víctimas, AVT y Covite, entre otras y principalmente, para protegerlas, reconocerlas, acompañarlas en su dolor y darles apoyo y aliento. Fue necesario para que el dolor no se convirtiera en sufrimiento, y porque la sociedad ha de reconocer y acoger a quienes sufren las consecuencias de la barbarie de aquellos que tratan de destruir los bases de libertad, democracia, justicia e igualdad sobre las que nos organizamos.

ETA ya no existe, pero continúan existiendo los que se nutren de ella. Partidos políticos, asociaciones y particulares carroñeros, que han convertido el terrorismo en un caladero de votos y sinecuras o en una coartada para conseguir un buen puesto de trabajo. Miserables, desalmados e inútiles instalados sobre los cadáveres y las víctimas, convertidos todos en pitanza. Con la muerte de Lorca nadie se ha beneficiado, al contrario, todos hemos sido golpeados y perjudicados, todos somos víctimas; con Blanco, sin embargo, muchos han encontrado un trabajo bien remunerado. No es interés por la vida, sino por la nómina. No es interés por la dignidad, sino por la hacienda.

No todas las muertes son iguales. Los asesinados de las fosas comunes de Manzanares o García Lorca no son iguales que Miguel Ángel Blanco. Que Miguel Ángel Blanco o cualquiera de las novecientas y pico víctimas del terrorismo etarra. Los asesinados de Manzanares, García Lorca o cualquiera de los más de cien mil que permanecen en cunetas, fosas comunes o simples agujeros. Se rememora el horror de los atentados de Hipercor o el cuartel de Zaragoza, pero se obvian como si no hubieran sucedido el bombardeo de Guernika o la Espantá.

El alcalde de Manzanares prometió un panteón, lugar de reconocimiento o de memoria para los 34 exhumados el primer día del inicio de los trabajos. ¿Sólo para los 34? ¿Y los demás, los otros 250? En el fondo, sólo fue la propaganda de un charlatán: Manzanares, a día de hoy, continúa reconociendo o exaltando a franquistas, es decir, a cómplices del genocidio mediante placas, calles, medallas y simbología.



sábado, 28 de abril de 2018

Los jueces y La Manada

 


Se dice, incluso lo dicen algunas personas poco sospechosas, que el problema de la sentencia sobre el caso de la Manada tiene que ver con la falta de precisión del Código Penal respecto de este tipo de delitos. Es de suponer que se refieren al contenido de la sentencia, es decir, a lo que opinan dos jueces con relación a lo relatado como hechos probados en la misma sentencia, porque hay un tercer juez que, sobre esos mismo hechos, dice que lo que corresponde es la absolución de los acusados. Sin embargo, también hay quien dice que, con el relato que se hace en la misma sentencia de los hechos y lo establecido en el articulado del Código Penal respecto a este tipo de delitos, hay elementos suficientes como para calificar los hechos de violación. Cristina Almeida dice algo muy importante: este código penal es el resultado, o la calificación que hace nuestro código penal respecto de este tipo de hechos, es el resultado de las modificaciones que se han producido en relación con estos hechos que en su momento eran calificados como delitos contra la honestidad, para lo que, en primer lugar, había que determinar que las personas violentadas realmente podían calificarse de honestas o dignas de honestidad para calificarlas víctimas de estos hechos, es decir, que la carga de la prueba en la anterior concepción en el código penal estaba en la víctima. Eso es lo que hace el juez que emite el voto particular y lo que hacen también los jueces que firman la condenan. Uno y otros trasladan a la víctima la carga de la prueba. Yo creo que no, que no es un tema del Código Penal. Con los mismos hechos, la misma lectura de los hechos, la misma visión de los hechos que se grabaron, diferentes colectivos de jueces y profesionales, especialistas o autoridades del derecho llegan a conclusiones diferentes. Es decir, ya sabemos que todo esto es un tema ideológico, que detrás de toda interpretación hay un sustrato ideológico. No se puede decir que con una definición más precisas de estos delitos tendríamos unas condenas más contundentes. No es posible. Porque, por muy precisa sea la definición que haga de cada delito el Código Penal, siempre cabrá la posibilidad de que esa definición no se ajuste a cada uno de los delitos o a cada una de las formas en que cada uno de esos delitos se produce. Porque cada comisión de un delito tiene perfiles propios que estarán sujetos a interpretación. Como bien dice Cristina Almeida, aquí el problema es que se trata de libertad y lo que defiende el Código Penal no es la libertad, y lo que está detrás de las opiniones que emiten cada una de las defensas de los diferentes colectivos no es una defensa de la libertad, no es tanto perseguir a los que cometen un delito como defender a quienes tienen derecho a la libertad. Si se defendiese la libertad de la víctima, automáticamente tendríamos la violencia, la calificación de violación y, por tanto, la condena en su grado más duro para quienes han cometido el delito. Pero, insisto: el problema no es de una definición más precisa del Código Penal de este delito, y seguramente de otros muchos delitos, aunque también, como se ha puesto de manifiesto en muchas otras resoluciones judiciales relativas a hechos vinculados al terrorismo o asuntos similares, como fue el tema de los titiriteros o ahora el asunto de Alsasua, etc, etc, el tema no es solamente de una precisión del Código Penal respecto de los delitos. Interpretaciones va a haber siempre, habrá de haberla siempre, el problema es qué tipo de organización judicial, qué tipo de jueces, qué tipo de fiscales tenemos. Hay juezas y jueces que seguirán preguntando si las violadas cerraron bien las piernas o llevaban o no bragas. Con jueces y fiscales corporativos, a salvo de cualquier tipo de control no podemos estar tranquilos. La protección que exigen para sí jueces y fiscales no garantiza su independencia, lo que garantiza es su impunidad. Hasta ahora, los jueces han condenado y separado de la carrera judicial a aquellos que se han atrevido a poner en solfa a elementos del sistema, cual fue el caso de Garzón y del otro juez, por el tema de los delitos cometidos por el expresidente de Cajamadrid, pero poco se ha hecho con los jueces que han colaborado en la comisión de delitos o han dificultado el ejercicio de los derechos. Cuando los jueces se juzgan a sí mismos, solamente se garantiza la impunidad. El problema de los jueces o uno de los problemas de los jueces es la impunidad. La protección no es para garantizar su independencia, sino para garantizar su impunidad. Ese es un elemento sobre el que hay que entrar, sobre el que hay que debatir. Los jueces no pueden quedar impunes a su arbitrariedad. No se puede permitir que un juez, como el presidente del tribunal que juzga el caso Gürtel actúe a su arbitrio para impedir que se juzgue al Partido Popular, que se juzgue al presidente del Partido Popular, que se impida el análisis de la caja B. No pueden quedar impunes esas decisiones. No pueden quedar impunes actuaciones de los jueces y del fiscal que salvan a la princesa mientras condenan a compañeras de otros que han cometido delitos. El sistema judicial en España es el problema. Mayoritariamente machista, mayoritariamente del PP, mayoritariamente reaccionario, heredero del franquismo. Los jueces y los fiscales, y, general, toda la carrera judicial, el conjunto de los que actúan en torno al derecho. Por diversas razones.

Cuando Franco gana la guerra, lo primero que hace es tomar unas cuantas decisiones: la depuración de diferentes estamentos del estado. Uno de los sectores que se depuran es el judicial, la policía, el ejército y la educación. Eliminando físicamente a quienes les pareció oportuno o apartando para siempre a los que no consideraban de su onda y colocando ahí a aquellos que, aun no teniendo la calificación profesional suficiente, sí les garantizaban la adhesión al sistema. No vamos a entrar ahora en la policía, el ejército, la educación, hablemos de los jueces. Ese sistema judicial franquista (por cierto no debe olvidarse que las Audiencias Nacionales son las herederas de los Tribunales de Orden Público del franquismo, auténticos tribunales especiales y de excepción para la persecución de los disidentes; mejor dicho: son los mismos TOP con un nombre diferente). Pues el conjunto del sistema judicial es el heredero de la organización judicial franquista. La forma de acceder a la carrera judicial, a la judicatura en general, a las fiscalías, son sistemas ideados por el franquismo. En el mejor de los casos, están ideados para personas que tienen mucho tiempo y, por tanto, muchos recursos para preparar unas oposiciones. No hablemos ya de cómo están controladas ciertas facultades por algunas familias franquistas, que controlan por lo tanto el perfil de las licenciaturas y la formación de los futuros licenciados en derecho. Mientras no se aborde una reestructuración profunda que garantice que los jueces son demócratas, defensores de la libertad, defensores del sistema democrático, mientras eso no se garantice no tendremos un sistema judicial eficaz e independiente. Eso no se ha acometido en estos cuarenta años de democracia, o como se llame este sistema del posfranquismo. Felipe González y los gobiernos socialistas nunca acometieron una reforma profunda, una profunda renovación del sistema judicial, como no lo hicieron con la policía, no lo hicieron con el ejército ni lo hicieron con la educación, aunque la educación merece una reflexión aparte.



Lo de la manada fue un accidente causado por borrachos.

domingo, 11 de enero de 2015

Je suis Charlie Hebdo



Es decir, yo soy Charlie Hebdo, el semanario satírico. Es como decir que estoy hecho de la misma sustancia de la revista o de aquéllos que la alumbraban y nutrían. He muerto y estoy herido, como los muertos y heridos por los AK64 que asaltaron el semanario. Y mi sangre se mezcla con la sangre que recorre las venas de Charlie Hebdo. Soy cada uno de los periodistas y policías que fueron baleados por el yihadismo, para hacerles entrar en razón mediante las supremas razones de los Kalashnikov. Con las razones escritas en el Corán, aunque algunos olvidan, interesadamente, me columbro, que hay razones idénticas escritas en las páginas del Antiguo Testamento.
La masacre en el semanario Charlie Hebdo y los brutales hechos posteriores son una ataque frontal a la libertad de expresión y una demostración de la capacidad del ser humano para exhibir su barbarie. Pero no son sólo eso: atentados contra la libertad de expresión se cometen todos los días y no nos escandalizamos, y las manifestaciones de barbarie suelen ser habituales en nuestros telediarios. Son, sobre todo y esencialmente, la prueba disparatada de la voluntad de unos pocos de imponerse a la mayoría por cualquier procedimiento, incluso a costa de la libertad de todos. Es exactamente lo mismo que trata de hacerse con la resolución de la crisis, con desahucios, despidos y recortes en lugar de Kalashnikov, pero tan efectivos y definitivos como ellos.
Soy de los que resisten con su razón ante las razones de los que imponen su razón acabando con la vida de los que los discuten.
Pero no soy de los que convertirán a todos aquéllos que lleven túnica o turbante en terroristas o asesinos, o al islamismo en paradigma del terrorismo. Como no confundo, por citar nombres concretos de este lado de las creencias, a Benito XVI, en otra época jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o Inquisición, con Ernesto Cardenal. Ni seré de los que aboguen por desterrarlos de nuestros países o recluirlos en guetos, separarlos de entre nosotros, como quien trata de librarse de una pústula o una enfermedad. Ni de los que les exigirá ser como uno de nosotros, vestirse como uno de nosotros, rezar a los mismos dioses que nosotros. Aunque también cabría preguntarse qué y cómo somos nosotros, todos nosotros y cada uno de nosotros, y quiénes somos nosotros, nosotros, ese pronombre colectivo tan difuso. ¿Nosotros incluye a Le Pen, Rajoy y García Albiol, el alcalde racista del PP, al arzobispo de Murcia, protector de pederastas, y al de Alcalá de Henares, adalid de la homofobia, entre otros, a los Botín y demás calaña bancaria? Si nosotros me incluye con todos estos en el mismo pronombre personal, habré de plantearme idear otros pronombres personales que admitan más matices, porque yo no soy un desalmado, y estos son unos desalmados. No los devolveré a Marruecos, Libia, Egipto,... No distinguiré entre seres humanos, no defenderé el sistema de apartheid sudafricano, aquel que extendía carnés por razas, como el nazismo imponía estrellas de colores. No defenderé la venganza como forma de hacer justicia. No justificaré ninguna muerte. Tampoco justificaré la injusticia. No cabe justificación para la injusticia, ni siquiera cabe la explicación. La injusticia también está detrás de los comportamientos bárbaros.
Los terroristas eran, al parecer, de Al Qaeda Yemen. ¿Hemos olvidado que Al Qaeda fue una creación de la CIA, financiado durante años por EEUU? Algunos querrían y necesitan que lo olvidemos.
Siento aversión por los terroristas. Por todos los terroristas. Al margen de su apariencia o sus motivos. Y por aquellos que, sin llamarse terroristas, porque toda perversión humana tiene el eufemismo adecuado, sobre todo si está planificada desde la atalaya del poder, persiguen con sus actos fines semejantes. Por ejemplo: los asesinos e ideólogos del 11M y el 11S, los autores materiales e intelectuales de las masacres de Sabra y Chatila, los promotores y ejecutores de las recientes guerras de Irak y Afganistán, y de otras geográficamente más próximas como las de los Balcanes, Chechenia o Ukrania. Muchos de estos últimos son personas respetables que dan lecciones de moral y han tenido la desvergüenza de escandalizarse por el atentado de París e incluso es posible que se manifiesten el domingo. Sólo son la personificación del cinismo más obsceno. Por poner nombres, pongamos los nombres de los cuatro de las Azores, los de los parlamentarios que con su voto convalidaron sus decisiones y los de los medios de comunicación que los justificaron, torciendo incluso la verdad, porque la verdad, en estos casos, es un producto más en el mercado y tiene un precio.
Siento desprecio por quienes quieren administrar la democracia y la libertad con un dogal de miedo. Y también aborrezco a los miserables, aunque se den golpes de pecho. No tienen derecho a abanderar la libertad de expresión quienes pretenden administrarla en medios de comunicación propios, mediante leyes mordaza o consejos de redacción o administración obedientes o sumisos. Rechazo a los que desde cabeceras periodísticas, radiofónicas o televisivas se reputan defensores de la libertad de expresión, cuando hace tiempo que vendieron su opinión por un plato de lentejas. Detesto a los que se escandalizan por alegatos como Alá es grande pero comparten sentencias como la de que Jesús es el hijo unigénito del único dios verdadero, le único dios verdadero, ahí es nada. Quizá convendría recordar que las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo surgen de la misma raíz semítica, brotan del mismo tronco y se reconocen en el mismo patriarca, Abraham, que se enriqueció gracias a la esclavitud, que repudió a una esclava y al hijo común, Ismael, y que no dudó en asesinar a su hijo Isaac, tras un monstruoso mandato divino que se lo exigió en sacrificio. La estrella de David, la media luna y la cruz sirven para provocar las mismas víctimas y justificar a los mismos bárbaros, independientemente del vestido que se pongan o el idioma en que hablen. Los tres símbolos son refugio de la misma intransigencia y espada de cadalso para los mismos desvalidos. Y usan lenguajes ampulosos y rebuscados para imponer sus dogmas en el lugar de las verdades.
La cuarta religión monoteísta, el mercado, también usa el lenguaje pretencioso y vacuo de la economía para confundirnos y hacernos responsables del destino al que nos han condenado. Aquello de habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, condenados insensatos.
Por todo esto soy Charlie Hebdo. Ser humano y Charlie Hebdo seguramente sean la misma cosa. Aunque soy muchas más cosas y muchos más seres humanos, no quiero olvidarlo ni dejar de reseñarlo en esta hora crucial, aunque la relación resultará incompleta. Por ejemplo:
Soy Salman Rushdie, condenado en un fatwa a ser muerto por cualesquiera que pueda tener la oportunidad para ello por haber escrito un libro, Los versos satánicos, que permanece prohibido en India, Sudáfrica, Pakistán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Bangladés, Sudán, Indonesia, Malasia y Qatar.
Soy todas y cada una de las víctimas degolladas por ISIS, que no tendrán manifestación que las reivindique, y soy cada uno de sus cautivos que esperan su degüello.
Soy la mujer o la niña secuestradas por Boko Haram, para ser convertidas en esclavas sexuales o en bombas ambulantes. Y soy cualquiera de los niños de la guerra. O de los que han sido arrastrados a una vida de violencia por la locura de los diamantes de sangre o de las minas de coltan.
Soy una niña condenada al analfabetismo y la invisibilidad, y por eso me reconozco en la voz valiente de Malala Yousafzay.
Soy un estudiante mejicano de entre los 4000 asesinados por el ejército en la plaza de Tlatelolco en 1968 en un ejercicio de tiro al blanco. Y soy otro estudiante mejicano de magisterio, secuestrado y asesinado por la alianza de políticos y mafias del narcotráfico hace unos meses.
Soy cualquier de los negros norteamericanos asesinados por la policía por el mero hecho de ser negros. Ha sucedido en las últimas semanas, pero es una historia que se repite desde que fueron llevados desde África para convertirlos en esclavos.
Soy un manifestante de Tianamen.
Soy un manifestante en la primavera de Praga en 1968, por lo que fui perseguido y encarcelado o muerto. O un alemán en los ficheros de la Stasi.
Soy un comunista perseguido por el estalinismo, y encarcelado, torturado o muerto.
Soy judío en el gueto de Varsovia y en los campos de exterminio nazi. Y soy prisionero en Guantánamo, de cuya ignominia el mundo entero tiene noticia sin que nadie en el universo todo mueva un dedo para acabar con ella.
Soy un judío víctima del pogromo nazi de la noche de los cristales rotos, que culminó con el incendio del parlamento alemán y el fin de la democracia en Alemania.
Soy una víctima del sionismo, que entre 1930 y 1948, con Ben Gurión como jefe, sembró Palestina de atentados terroristas con miles de muertos.
Soy un preso de Bagram, vejado y torturado por tropas estadounidenses. Y un detenido en Diwaniya, torturado por soldados españoles.
Soy Miguel Servet, Giordano Bruno y Galileo, condenados a la hoguera los dos primeros y obligado a renegar de la verdad científica el último, por contradecir a las autoridades eclesiásticas de la época, acaso no muy distintas de los clérigos actuales que imparten la verdad desde los púlpitos, de un modo no muy distinto y revestidos de una manera parecida a los ayatolás.
Soy El Papus y El País, que sufrieron las bombas de la triple A en una España no tan lejana. Y las librerías Antonio Machado y Rafael Alberti, arrasadas por los Guerrilleros de Cristo Rey un poco antes.
Soy Facu Díaz, de la Tuerka, imputado por parodiar la corrupción del PP. Como fui Javier Krahe, imputado por blasfemo. O Leo Bassi, amenazado por los Guerrilleros de Cristo Rey por insultos a la religión católica, a quien se le puso una bomba en el camerino del teatro Alfil.
Soy José Couso y Juantxu Rodríguez, asesinados por tropas americanas cuando informaban de guerras promovidas por EEUU.
Soy García Lorca y Miguel Hernández.
Soy uno cualquiera de los 200 000 republicanos españoles que permanecen en las cunetas o en fosas comunes, asesinados vil e impunemente por el franquismo triunfante.
Soy un abogado de Atocha, 55, la noche del 24 de enero de 1977, asesinado a sangre fría por el fascismo tardofranquista alimentado en las alcantarillas del estado español.
Soy uno de los trabajadores asesinados en Vitoria el 3 de marzo de 1976 por la policía. Manuel Fraga era el ministro de Gobernación y Martín Villa el ministro del sindicalismo vertical.
Soy Arturo Ruiz, asesinado por la ultraderecha, María Luz Nájera, muerta por la policía, y Yolanda González, secuestrada y asesinada por militantes de Fuerza Nueva, estudiantes, símbolo y referencia de las decenas de muertos de la transición española, trabajadores o estudiantes, manifestantes u opositores, provocados por la ultraderecha de la Triple A, el Batallón Vasco o Fuerza Nueva y la policía o la Guardia Civil en el período de 1977 a 1980.
Soy Julián Grimau y Puig Antich, ejecutados por el franquismo, tras ser torturados salvajemente y condenados en juicios amañados, sin garantías. Dos nombres entre las decenas de miles que corrieron similar suerte entre 1936 y 1975.
Soy Enrique Ruano, estudiante, asesinado por la policía política franquista, y Pedro Patiño, albañil y sindicalista de CCOO, asesinado por la Guardia Civil que reprimía una huelga, dos entre los muchos muertos de la represión política del franquismo, que contaba con policías, jueces, fiscales y tribunales encargados de la persecución y represión política. Y soy cualquiera de los torturados por la policía franquista en la DGS, hoy sede del gobierno regional de Madrid, o en cualquier comisaría o cuartel, cuya autoría tiene nombres y apellidos que la casta política actual sigue protegiendo.
Soy Tierno Galván, García Calvo y López Aranguren, catedráticos expulsados de la universidad por el franquismo, por solidarizarse con las protestas de los estudiantes. Y soy cualquiera de los maestros, maestras y profesores republicanos purgados por el franquismo al final de la guerra civil.
Soy Aitor Zabaleta, asesinado por miembros del Frente Atlético el 8/12/98 por ser vasco.
Soy cualquiera de las víctimas inocentes de ETA o el Grapo.
Soy una de las 59 mujeres asesinadas por el terrorismo machista durante 2014 en España. O una de las 57 de 2013, de las 57 de 2012, de las 67 de 2011, de las 85 de 2010, de las 68 de 2009, de las 84 de 2008, de las 71 de 2007,... Tengo nombre y apellidos, pero nadie se manifestará en mi nombre ni hará nada por acabar con la lacra, algo de postureo al día siguiente de cada muerte como mucho.
Soy vasco, catalán, gallego, andaluz, manchego, extremeño,... Y soy charnego y catalino.
Soy un enfermo de hepatitis C, esperando a ser otro de los 11 que diariamente mueren por negársenos el tratamiento que nos curaría.
Soy un sintecho, al que han apaleado o al que han intentado quemar en la caseta o en el cajero en el que dormía, y en alguna ocasión lo han conseguido.
Soy un desahuciado.
Soy un parado de larga duración, sin recursos, sin subsidios, y en mi situación está toda mi familia. Si rebusco en contenedores la comida que los distribuidores arrojan, arrostro el riesgo de ser multado con hasta 750 €.
Soy uno de los estafados con las preferentes.
Soy Alfon, soy una víctima de los montajes policiales para amplificar la persecución y criminalizar la protesta contra la crisis, soy cualquiera de los manifestante movilizados por el 15M o el 22S, de los que se reúnen en los barrios, en las plazas, en el Retiro para debatir sobre la estafa de la crisis y son identificados y multados por el mero hecho de reunirse.
Soy gitano, soy homosexual, soy negro, soy moro, soy sudaca, soy mujer,...
Soy un subsahariano al otro lado de las vallas de Ceuta y Melilla.
Soy tantas personas y tantas cosas invisibles, hechas desaparecer por le fulgor terrible del atentado de Charlie Hebdo, por el interés de los que atentaron y por el interés de quienes administran las noticias y los hechos y escriben la historia, de los que ponen notas y conceden o niegan importancia a los acontecimientos y a las personas. Hoy les toca el foco a los asesinos de Al Qaeda y ayer tocó a los asesinos de ETA, nunca nos toca a las víctimas de nada. Alguien dijo en sede parlamentaria “que se jodan” refiriéndose a los parados, pero quieren decir que nos jodamos todos, todos sin excepción.
¿Por qué hay que manifestarse el domingo? Yo seré uno de los que también estará en París, aunque no me mueva de Madrid, pero ¿por qué hay que manifestarse en París el domingo? ¿Contra el terrorismo y por la libertad de expresión? Habría que definir que entienden por terrorismo y por libertad de expresión los convocantes y asistentes. ¿Están legitimados para salir en defensa del semanario aquéllos que propugnan imponer el catecismo en las escuelas? ¿Qué diferencia hay entre el adoctrinamiento cristiano y las escuelas coránicas? ¿Legitimados a hablar de terrorismo y libertad de expresión aquéllos que mantienen los símbolos y los nombres franquistas en las calles, o la vigencia del Valle de los Caídos, símbolo de la apología del franquismo, o cualesquiera otro monumento similar, se niegan a dar cumplimiento a la Ley de Memoria Histórica o siguen celebrando misas y festivales en honor de los golpistas del 36, con la parafernalia de la bandera del aguilucho incluida? ¿Qué hará Rajoy el domingo en París: decidirá retirar la ley mordaza con la que quiere gestionar nuestra opinión en España? ¿Estarán de Guindos, Montoro, Wert y Santamaría, por ejemplo? ¿Estará Merkel del brazo del Deutsche Bank? ¿Estarán los hombres de negro de Bruselas? ¿Qué interés tienen en la vida o en la palabra los que aparecerán en las fotografías de la manifestación del domingo? O los que guardaron un minuto de silencio al día siguiente de los hechos en la puerta de las instituciones que dirigen. ¿Hasta dónde les llega su interés por las personas, si es que tienen algún interés en las personas?
El hombre no es un lobo para el hombre, en contra del aserto de Hobbes. Hobbes sólo era un pensador perezoso, que no profundizaba en las verdaderas causas. La masacre de París no es un producto del mal. La crisis que nos asuela no es un producto del mal. Todo esto no es un producto del mal. Todo esto no es cosa de buenos y malos. Hay buenos y hay malos, claro, hay mejores y hay peores, pero ni la crisis ni la masacre es cosa de los malos. Del mal absoluto. El mal absoluto no existe y no existe el bien absoluto. El bien y el mal están en cada uno de nosotros y depende de nosotros cuál de ellos se manifieste. La crisis y la masacre son una cuestión de intereses. La manifestación del domingo será para muchos una impostura o, como suele decirse ahora, mero postureo: defender en París lo contrario de lo que es práctica diaria.
A pesar de todo, yo soy Charlie Hebdo. Charlie Hebdo somos todos los decentes, aunque a la manifestación del domingo acudan también los indecentes. Je suis Charlie Hebdo.

jueves, 25 de abril de 2013

Boston y desempleo.



6.202.700 parados. O sea, 6.202.700 de excluidos del derecho al trabajo. Es decir, puesto que, como media, 3 personas dependen de cada trabajador, 18.608.100 de personas condenadas a la indignidad. Digámoslo deletreándolo: diez y ocho millones seiscientas ocho mil cien personas. Hablamos de personas. ¿O sólo hablamos de números? España tiene 47.190.493 habitantes. La economía en estos tiempos todo lo reduce a números. Porque dicen que los números son neutros y sólo describen la realidad. Con números también se determinan los desahucios en España. ¿Cuántos cientos de miles? Los parados y los desahuciados caben en cifras, pero no tienen nombre ni apellidos. Ni derechos. Derechos tienen la media docena de parlamentarios del PP que han sido denunciados por los escraches. También tienen nombre y apellidos. Este número no es neutro, es un número para agitar los telediarios. Es decir, los números están cargados de ideología. Dicen que quienes participan en los escraches son nazis, pero sólo los nazis despojaron de nombre a sus víctimas para convertirlas en números, como los 6.202.700 parados o los cientos de miles de desahuciados.
Los muertos en el atentado terrorista de Boston tuvieron nombres y apellidos, y se fueron repitiendo como el eco por los noticieros del día, pero nadie recordó a los muertos que en esa misma fecha se produjeron en otro atentado, éste en Somalia, ni siquiera por su número. También hubo muertos en Siria, todos los días se producen muertos en Siria, pero estos muertos ya están amortizados, nadie habla de ellos, ni siquiera para cifrarlos. Los muertos de Boston son víctimas del terrorismo. Los muertos civiles por los bombardeos de los drones de EEUU son errores, daños colaterales, como mucho.
¿Nos interesan las personas? ¿Nos interesa la vida? ¿O sólo nos interesan los nuestros? A Krystle Cambell, de 29 años, y a Martin Richard, de 8 años, víctimas del atentado de Boston, les hicieron sendos funerales al día siguiente. La tercera víctima, Lu Luingzi, era chino. ¿O sólo nos interesamos por los hechos cuando amenazan nuestra vida? ¿Nos importan los muertos o nos preocupan sólo cuando creemos que podemos ser nosotros uno de esos muertos?
No nos interesa un mundo más justo. Si nos sintiéramos concernidos por la injusticia, no permitiríamos que en España hubiera 6.202.700 parados, mientras algunos viven en su particular Versalles. Un parado debería ser uno de los nuestros, como lo es una víctima del terrorismo. Si nos concerniera la injusticia, entenderíamos que el terrorismo es una manifestación violenta (y aborrecible, también aborrecible) de la rebelión de las víctimas de la injusticia en el mundo.

jueves, 12 de julio de 2012

Ocurrencias de un jueves por la tarde



Lo peor de la derrota es acostumbrarse a ella. Te derrotan hoy, te derrotaron ayer y el mes pasado, te derrotaron en el siglo pasado, te derrotaron en la piel de tus antepasados hace dos o tres generaciones, te han derrotado en la carne de tus semejantes,... y ya te parece natural que vuelvan a derrotarte mañana.

Lo peor de los imbéciles, cuando la casualidad los pone al frente de cualquier tarea, es que no creen necesaria la inteligencia para ocuparse de su quehacer. En su necedad creen tener poder suficiente.

Lo peor de los delincuentes es la sensación de impunidad.

Lo peor de los ineptos es que todos les parecen ineptos, excepto ellos.

El peor enemigo de la libertad es el miedo. Lo demostró Erich Fromm hace 70 años, en plena efervescencia del nazismo, y parece que lo hubiéramos olvidado.

Lo peor de la democracia es que se convierta en rutina, y la hemos convertido en una rutina cada cuatro años.

La libertad y la democracia no parecen concernirnos ni interpelarnos, y, sin embargo, no podríamos llamarnos seres humanos sin ellas.

Un minero, un parado, un desahuciado,... es uno cualquiera de nosotros. Somos parte del mismo organismo solidario. Los triunfos deportivos, los de la selección de fútbol, por ejemplo, sólo son artículos de lujo en un escaparate de Serrano.

Es una idea que repito con frecuencia, cambiando sólo las palabras: la banca, los inversores, los empresarios,... y sus lacayos, los economistas, los periodistas, los políticos,... se han encerrado en Versalles y celebran fiesta tras fiesta, como si el mundo fuera Versalles, mientras la gente de París pasa hambre en las calles, y protesta. Cualquier día alguien dará el primer paso y todos asaltarán la Bastilla. Y también esta vez la guillotina ocupará las plazas.

Nos dicen: no hay otras recetas que nuestras recetas. Distintas de las que nos están imponiendo y de las que proclaman con su vocecilla necia la izquierda socialista, radical o como se llame. En la utopía del horizonte, sin embargo, yo veo una sociedad que no lleva adherido el adjetivo de capitalista.

A veces nos preguntamos por qué. ¿Por qué, cómo hemos llegado hasta aquí? Hemos permitido que nos administren la libertad y la democracia, y eso sólo es ocupación de cada uno de nosotros. Y el abandono nos ha degradado, personal y colectivamente. Hemos dejado de estar comprometidos con nosotros mismos y hemos convertido la libertad en libertad de elección entre diferentes marcas en el supermercado. Sampedro lo ha dicho de otra manera: libertad de expresión, sí, pero lo esencial es la libertad de pensamiento.

Unos pocos datos que no debemos olvidar, y que muchos empiezan a obviar o disfrazar (basta ver algunos artículos en la Cadena Ser, El País y Público, por ejemplo): la crisis no la hemos creado nosotros, sino su propia voracidad; la crisis no es coyuntural, sino sistémica; la crisis no es sólo económica ni tiene una raíz exclusivamente económica, sino, sobre todo, ética y de principios; la injusticia, la desigualdad entre los hombres es una condición y una necesidad del sistema para su supervivencia, no un fallo en sus engranajes.

El PP sólo es el actual trampantojo de la crisis. No conviene quedarse en las risas ni en los aplausos obscenos de ayer cuando el jefe de los cretinos de derechas anunció las últimas medidas fiscales y sociales, es decir, cuando perpetraron el último delito de lesa ciudadanía. No. Conviene mirar detrás y quizás hallemos en su representación chulesca la razón de su debilidad y de nuestra fortaleza.

Han mentido, mienten y seguirán mintiendo. La verdad es el primer rehén que se cobró la crisis.

martes, 10 de abril de 2012

¡Yo aviso!



Días atrás he recibido por diferentes vías un artículo con ese título. En realidad se trata de una entrada en la bitácora de Carlos Gorostiza, parlamentario socialista vasco, con la misma ilustración que yo pongo como cabecera, publicado antes como columna en la página 2 del periódico Danok Bizcaia. Días más tarde incidió sobre el asunto con un nuevo artículo titulado Yo ya avisé. Y quería escribir sobre el asunto.

Me recordó un artículo de Francisco Rico en El País contra la ley del tabaco en el que el académico y filólogo acababa afirmando: En mi vida he fumado un solo cigarrillo. Sin embargo, todos sabemos que enciende un pitillo con la colilla de otro. Causó notable controversia el artículo por esa afirmación última precisamente. Hubo quien le acusó de mentiroso, y hubo quien lo justificó, entendiendo que el aserto no era sino un recurso literario, provocador, sí, pero recurso al fin y al cabo. También se diría más tarde que la publicación, por parte de un afamado escritor, de sus experiencias sexuales con niñas de 13 o 14 años, en sus viajes por oriente, no era sino una literaturalización de experiencias y que, por lo tanto, carecía de importancia.

Es decir, la mentira o la pederastia tienen justificación cuando forman parte de un recurso narrativo, aunque escondan indecencias y prácticas abominables.

La mentira y la indecencia se han instalado entre nosotros sin que nos sintamos concernidos. Y, sobre todo, la ausencia de rigor. Lo importante es hablar, aunque se digan tonterías. Y el señor Gorostiza abunda en todo ello, tanto en el primer artículo como en el segundo.

Me explico.

Datos: Don Carlos Gorostiza Orbañanos es parlamentario por el PSE-PSOE en la cámara vasca. Como tal, desempeña los siguientes cargos o funciones: Secretario de la comisión de Industria, Innovación, Comercio y turismo; vocal de la comisión de Vivienda, Obras Públicas y Transportes; vocal de la comisión de control de EITB; vocal de la comisión de Medio Ambiente, Planificación Territorial, Agricultura y Pesca; representante del parlamento vasco en el consejo asesor de RTVE del país vasco; representante del parlamento vasco en el consejo de administración de EITB. Efectivamente, es un privilegiado y obtiene por ello unos buenos sueldos. Ignoro si alguno de estos cargos conlleva vehículo con o sin chófer, dietas, complementos económicos, etc, pero no es difícil hacerse una idea, en función de cuáles son las prácticas en otros casos.

Si uno lee, incluso, por encima, los tres primeros párrafos del primer artículo descubrirá que sólo se nos proponen unas prácticas de buen consumidor. Nada más. Cualquier buen consumidor debería atenerse a ellas. Es decir, cualquier consumidor responsable (parafraseo y comento de paso) no debería cambiar de coche cada dos por tres (¿eso afecta al coche oficial?, ¿y a la moto?, porque el señor Gorostiza también tiene moto), no debería pedir créditos para cualquier ocurrencia y debería adquirir los productos con la mejor relación calidad-precio. No necesariamente marcas blancas, sino los productos con mejor relación calidad-precio. Cualquiera que examine un envase de marca blanca observará que detrás está siempre un gran fabricante con quien la gran superficie ha firmado un acuerdo. Es decir, dejar de comprar Bimbo, por ejemplo, no le afecta a Bimbo en absoluto si es Bimbo quien está detrás de la fabricación de los productos de panadería de la gran superficie; al contrario. Y lo mismo vale para cualquier otra marca de las que relaciona el señor Gorostiza. Quizás habría que tener en cuenta cuál es la política de estos fabricantes respecto de los cereales modificados genéticamente, el uso de grasas saturadas, la expropiación de terrenos en países pobres para el desarrollo de una agricultura extensiva, la intervención en los precios internacionales, etc.

Asimismo, cualquiera debería elegir el mejor momento para comprar su ropa, sea en rebajas, outlets o cualquier otro medio, y cualquiera debería prolongar la vida de sus prendas. (Aquí cabría preguntar si el señor Gorostiza estrena traje en cada acto oficial, como suelen hacer los famosos o cada traje le dura años e, incluso, lo remienda, como insinúa, en las modistas de su barrio). Aunque también debería saber, y el señor Gorostiza parece ignorarlo, que esa práctica no le afecta a ninguno de los grandes distribuidores de ropa o calzado, como El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, H&M, Adidas, etc, son baremos calculados, ni el problema de esa distribución es el precio, sino la extraterritorialidad de la fabricación y la explotación inhumana a la que se somete a la mano de obra que realiza esa confección. Es decir, un consumidor responsable, auténticamente responsable, un ciudadano que contempla a sus semejantes como ciudadanos iguales, debería observar quién se lleva a China o Marruecos la fabricación para abaratar costes en mano de obra, aunque el trabajo lo realicen esclavos, antes del precio que pone la etiqueta. La clave del sistema en esto de la confección no son los precios ni la estacionalidad de las ventas, sino la extraterritorialidad de la fabricación. La confección se llevó a países subdesarrollados porque ya no era posible mantener a los europeos sometidos a sistemas de fabricación propios de la feroz explotación del siglo XIX.

Tampoco debería uno avisar a ninguna petrolera de que va a ir despacito o en autobús en lo sucesivo. Un ciudadano responsable debería saber que el problema del transporte no es el precio del petróleo, aunque hemos convertido su precio en un problema, sino su uso abusivo, exclusivo y excluyente. El petróleo es un instrumento de dominación, que provoca guerras y el exterminio de otros seres humanos, además de contribuir a la aceleración del cambio climático y, por lo tanto, a nuestra propia destrucción como seres vivos. Países donde los individuos han sido cosificados se sostienen gracias a los ingresos del petróleo.

Me salto el aviso a Prisa, Vocento, Mediapro,..., Barceló, Sol,... etc, en relación con el consumo de publicaciones, productos audiovisuales o vacaciones, porque su mera enumeración es en sí misma patética.

Por si aún pretendemos comportarnos como ciudadanos auténticamente responsables, respetuosos de los demás seres humanos, añado un dato más: el uso de adminículos, casi enteramente innecesarios en muchas ocasiones, como el teléfono móvil, los ordenadores, lo Ipad, etc, etc, requieren coltan, un mineral detrás de cuya explotación está la guerra del Congo, por ejemplo.

Decir, como dice este señor en su segundo artículo, que su iniciativa ha sido seguida por miles de ciudadanos, lo que explicaría la caída en la recaudación general tributaria y, especialmente, del IVA, no sólo es una sandez sino un insulto a la inteligencia ordinaria de las personas. La caída de la recaudación tributaria se ha producido porque hay cinco millones de parados, porque la retribuciones de quienes tienen trabajo han retrocedido, porque el mercado inmobiliario está parado desde hace dos años y porque el consumidor ordinario está aterrado. Una huelga de consumo como la que el señor Gorostiza propone no tiene nada que ver con la reforma laboral, por mucho que él diga que se dirige al corazón de la reforma laboral. La reforma laboral no es un asunto que vaya a incidir en el consumo, aunque esa incidencia se produzca de modo indirecto como consecuencia del desempleo y de la reducción de recursos en manos de los ciudadanos. La reforma laboral incide en los derechos de los ciudadanos, en la democracia y el la libertad. Ése el asunto de fondo. El asunto de fondo es siervos o ciudadanos, incluso, esclavos o ciudadanos, como ha puesto de manifiesto el suicidio del ciudadano griego los últimos días.