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martes, 1 de marzo de 2022

No a la guerra y la representación de la farsa

 

No a la guerra. A esta guerra de Ucrania, a todas las guerras.

Quise ir a la guerra para pararla, pero me detuvieron a mitad del camino”, dice Gloria Fuertes. Quienes detuvieron a Gloria Fuertes son los mismos que atizan las guerras para hacer negocio con ellas.

El mismo día que Rusia invadía Ucrania y se iniciaba la guerra, Israel bombardeaba Siria. Pero de este hecho nadie dijo nada. El discurso de los medios es la prédica de sus amos. En Siria también hay una guerra, en la que asimismo participa Rusia, además de Irán.

Cuando Rusia combatía contra Chechenia, nadie en Occidente levantó la voz, quizá porque los chechenos habían sido tildados de terroristas, pero lo de Ucrania, al parecer, es otra cosa.

En este momento hay 65 guerras activas en el mundo. De mayor o menor calado: 65. Cada una con sus muertos y damnificados, sus víctimas y sus victimarios. Las de Ucrania y Siria sólo son dos de ellas. En el Dombás, una región del sureste de Ucrania, conformada por Donetsk y Lugansk, también hay una guerra desde 2014 con más de 14.000 víctimas. Al respecto, se firmó el Acuerdo de Minsk para cerrar el conflicto, pero el gobierno de Ucrania lo ha incumplido sistemáticamente. Ucrania bombardea regularmente la región, pero nadie dice nada. Una víctima del Dombás no vale tanto como una víctima ucraniana.

La de Ucrania sólo es la última guerra. Algunas quedan lejos y otras más cerca. En Birmania, el genocidio de los rohinyá; Boko Haram, en Nigeria, Camerún, Níger y Chad; Alto Karabaj, en Azerbaiyán, Armenia y Artsaj; Sahara, entre Marruecos y la RAS; el genocidio turco, con la participación de Turquía, Irak, Irán y Siria; Palestina, por la ocupación israelí; Libia, propiciada por EEUU, OTAN y UE; Congo,… Todas tienen sus muertos, miles de muertos. En la guerra de Yemen, individuos oscuros perecen bajo el fuego de Arabia Saudí, en muchos casos abatidos por armas proporcionadas por España con la intermediación de Juan Carlos I, que hizo de comisionista.

Quienes participan en esta guerra de Ucrania son de raza caucásica; los demás, como sucede con Siria o Yemen, tienen la piel más oscura, incluso negra.

No todas las víctimas de todas las guerras nos conmueven de la misma manera. Algunas ni siquiera nos importan. Y todas sin exclusión acaban cayendo en el olvido más pronto que tarde.

Todas las guerras producen desplazados. También el hambre. La imagen de un buitre esperando la muerte de un niño hambriento en Sudán, que obtuvo Kevin Carter en 1994, ya está amortizada. Desplazado es una palabra para esconder una tragedia.

Entre 1991 y 2001 tuvo lugar la guerra de los Balcanes, pero nadie se rasgó las vestiduras como ahora por Ucrania. Quizá porque convenía a la estrategia de EEUU y la OTAN. Se saldaría con la fragmentación de Yugoslavia y decenas de miles de muertos. EEUU y la UE estaban entonces empeñados en la liquidación definitiva de la URSS y el antiguo Pacto de Varsovia para asentar la hegemonía de la OTAN en Europa. No importaron las masacres ni el genocidio, no importaron los muertos de esa guerra, cuya cuenta no se ha cerrado todavía.

En el verano de 2015 más de 800.000 personas escaparon de la guerra de Siria y llegaron a Europa a través de Grecia. El 2 de septiembre, Aylan Kurdi, de tres años, se ahogó al naufragar la lancha en que huía con su padre, su madre y su hermano de cinco años. Su cadáver apareció en una playa empujado por la marea, pero ya hemos olvidado aquella terrible estampa. El tiempo y los telediarios amortizan todas las imágenes. Incluso las de las llamas de Calais y de Lesbos.

Díaz Ayuso ha ofrecido el hospital Isabel Zendán para atender a las víctimas de la guerra de Ucrania. A Díaz Ayuso la sobrecoge la invasión de Ucrania por Rusia, pero carece de tiempo para ocuparse de la tragedia de la Cañada Real, las colas del hambre en Madrid o el fallecimiento de 7291 ancianos, de ellos 5795 por covid, en las residencias madrileñas, por el criminal protocolo de triaje que los abandonaba a su suerte sin atención médica. Hay víctimas que constituyen un lema publicitario y víctimas para echar al vertedero.

Ucrania, Rusia y las víctimas de la guerra se han convertido en un relato, que cada cual administra para obtener una renta. A nadie le importa la devastación ni la muerte, a nadie le importan las víctimas. O no importan de la misma manera: a unas se les ofrece el Isabel Zendán y a otras se las detiene tras muros y concertinas.

Se dice que el no a la guerra es en defensa de la libertad, la democracia y la justicia. Y de la vida. Pero no hay libertad, ni democracia ni justicia en Ucrania ni en Rusia. Rusia y Ucrania están gobernados por dos sátrapas, herederos de Hitler -o Stalin-, que financian y apoyan gobiernos y colectivos de extrema derecha en Europa, como la Hungría de Orban, la Liga Norte de Salvini y el RN de Le Pen, o CitizenGo y Hazte Oír, estos vinculados a Vox, de España.

La vida en Rusia y en Ucrania tampoco tiene importancia. En Ucrania se quema viva a la gente por el hecho de ser de izquierdas. Y en Rusia y Ucrania, sus gobiernos colaboran sin empacho con grupos paramilitares de extrema derecha.

No a la guerra en defensa de la paz. ¿Viven en paz las mujeres de Catar, Emiratos o Arabia Saudí? ¿O los homosexuales en Hungría, Polonia, Rusia, Ucrania,…? ¿Es la paz sólo la ausencia de guerra?

No a la guerra fue un grito unánime en las de Irak y Afganistán. Por la paz y en defensa de la vida. Contra las patrañas urdidas por unos hombrecillos sin escrúpulos, cuyo único fin era alimentar la industria de la guerra y colarse en los libros de Historia, a los que nadie ha llevado ante un tribunal.

Ucrania ha denunciado a Rusia ante el Tribunal Penal Internacional por genocidio. Nadie denunció en su día las masacres de Irak y Afganistán perpetradas por EEUU. Abu Ghraib y José Couso, por ejemplo, quedaron impunes en la nebulosa del cinismo. Y ahí sigue Guantánamo.

Los deportistas y los organismos deportivos, nacionales e internacionales, se han puesto de parte de Ucrania y proponen excluir a Rusia de las competiciones. COI, UEFA y FIFA ya lo han acordado. Piden el cese de la guerra. Se presiona al presidente del Chelsea porque es ruso, pero se calla respecto de los dirigentes del Manchester City o PSG, entre otros, vinculados a satrapías de Oriente Medio, donde la transgresión de los derechos humanos está en sus propias leyes. ¿Por qué callan respecto a Catar, Emiratos, Arabia Saudí,…? Respecto a Yemen. En Catar se va a celebrar un mundial de fútbol a finales de este año y en Arabia Saudí se celebra la supercopa de España todos los años. ¿Por qué? Hay contratos firmados con sus gobiernos. Son negocios, sólo son negocios, se trata de negocios. Y la guerra es otro negocio.

Todo es una farsa.

El debate no es la paz o la guerra, la vida o la muerte. El debate es la hegemonía de los imperios. Rusia, China y EEUU son los tres imperios en la disputa por el control del mundo. En Ucrania confrontan Rusia y EEUU con la excusa de la OTAN y el papel de sirvienta de la UE, que aún no ha encontrado un proyecto propio. Rusia y China, bajo regímenes dictatoriales, y EEUU, iniciando su camino de exclusión de la democracia, como demostraron en su día el trumpismo y el asalto al Capitolio.

La paz es para el mundo lo que la levadura para la masa”, dice el Talmud, pero las multinacionales de la guerra han optado por que consumamos pan ázimo.

No hay camino para la paz, la paz es el camino”, dice Mahatma Gandhi. Aún menos, si ese camino es la guerra.


lunes, 7 de junio de 2021

Fosas, memoria histórica e indignidad


1.

A las 09,00 horas del 13 de septiembre de 1971 Pedro Patiño fue asesinado por la Guardia Civil. Pedro Patiño era albañil, vivía en Getafe, estaba casado, tenía dos hijos menores, contaba 33 años y era miembro de CCOO y PCE. Repartía octavillas con otros compañeros por las obras del polígono industrial de Leganés, junto a la carretera de Villaverde a Leganés, llamando a la huelga del sector para conseguir la libertad de Paco García Salve, cura, jesuita, militante de CCOO, entonces en la cárcel por su actividad sindical.

Al día siguiente, ABC publicaba en su página 43 la noticia. Decía:

PROPAGANDISTAS ILEGALES DETENIDOS Y UNO MUERTO

La Dirección General de Seguridad ha facilitado, a primera hora de la tarde de ayer, la siguiente nota a la Agencia Cifra1:

«Sobre las nueve horas del día de hoy, cuando la dotación de un coche patrulla de la Guardia Civil compuesta por el conductor y tres números se hallaba prestando servicio en la zona comprendida entre Villaverde y Getafe, observaron a cuatro individuos difundiendo propaganda ilegal en una obra que se realiza cerca del kilómetro 3'200 de la carretera de Leganés a Villaverde. La dotación del citado coche patrulla bajó del vehículo para perseguir y detener a los aludidos individuos, y al intentar la detención de uno de ellos, don Pedro Patiño Toledo, nacido en Puebla de Almoradiel (Toledo), de treinta y tres años, con domicilio en El Escorial, éste se abalanzó2 sobre un guardia civil al que agredió e intentó desarmar y en el forcejeo se disparó el arma, alcanzando al referido don Pedro Patiño, que resultó gravemente herido, falleciendo durante el traslado al hospital.

El fallecido don Pedro Patiño tiene numerosos antecedentes policiales.

El 1 de enero de 1959 fue detenido por actividades del Partido Comunista y puesto a disposición del Juzgado especial. También fue detenido el 20 de marzo de 1969 por actividades ilegales, pasando a disposición de la autoridad militar, y el 30 de abril del año en curso por coaccionar a los trabajadores de unas obras en el pueblo de Parla, siguiendo las consignas del Partido Comunista.

En el año 1962 y para eludir responsabilidad pasó a Francia clandestinamente, desde donde se trasladó a la Unión Soviética, y en este país recibió instrucciones del Partido para el desarrollo de ulteriores actividades políticas en España».

Fin.

ABC no era un periódico, sino una sentina, siempre lo ha sido, al servicio de la extrema derecha. Colaboraba estrechamente con la Dirección General de Seguridad, a la que servía de altavoz y de chivato.

Los compañeros que repartían propaganda con Pedro Patiño aquel día fueron juzgados luego y condenados por el Tribunal de Orden Público por un delito de “propaganda ilegal” a la pena de dos años de prisión y 10.0003 pesetas de multa, con arresto sustitutorio de 30 días. Entre los hechos probados de la sentencia se afirma: “arrojaron y esparcieron en obras y caminos indeterminado número de hojas ciclostiladas, tamaño cuartilla, unas, pie de Comisión Obrera Provincial de la Construcción de CCOO, otras, pie del Comité de Madrid del Partido Comunista de España”.

2.

Pedro Patiño Toledo nació el 10/11/1937, en Puebla de Almoradiel (Toledo). Su padre fue fusilado sin juicio y su madre vio conmutada la pena de muerte a la que había sido condenada. Era un “hijo de rojos”, y “rojo” él mismo.

Con 16 años, en 1954, emigró a Getafe para trabajar en la construcción. Se integró en el PCE y en CCOO. El 17/02/1959 fue condenado en consejo de guerra a un año de prisión por el delito de rebelión militar, junto con otros seis procesados. El delito era haber impreso con una vietnamita 200 ejemplares de una hoja reivindicativa, donde se decía: “Por una vida más digna, por un salario vital de 100 pesetas con escala móvil”. La sentencia destacaba, como si fuera un agravante: de los 7 acusados, 5 de ellos, incluido Pedro Patiño, eran “hijos de padres ejecutados durante la guerra o la posguerra”.

En 1962 se exilió a Francia para evitar su detención por “actividades comunistas en el complot industrial de Villaverde-Getafe”, sumario 1324/1962. Fue procesado y condenado en rebeldía por su pertenencia al PCE.

En Francia conoció a Dolores Sancho y se casaron. Regresaron a España en 1968. El 05/03/1969 Patiño fue detenido por asociación ilícita durante el Estado de Excepción, decretado el 24/01/69 para “luchar contra las acciones minoritarias sistemáticamente dirigidas a alterar la paz española y arrastrar a la juventud a una orgía de nihilismo y anarquía”, en palabras de Manuel Fraga Iribarne. Fue absuelto, por sentencia del TOP.

Con la ley 52/2007, de Memoria Histórica, se le otorgó certificado de reparación personal, reconociendo que había sido perseguido y encarcelado injustamente “sin las debidas garantías por el ilegítimo Juzgado Especial de Espionaje y Comunismo” y que murió “en defensa de su actividad política”.

Sus asesinos nunca fueron juzgados. Tampoco ha formulado la Historia reproche alguno a quienes fueron cómplices del asesinato o participaron desde sus cargos en la farsa de los hechos. Quizá porque la Historia sigue el relato estricto de los vencedores. Aún más: muchos de los asesinos y cómplices del genocidio y posterior represión recibieron distinciones o reconocimientos que la verdad, la justicia y la decencia democrática deberían haber anulado o no haber permitido.

3.

Blas Tello Fernández-Caballero nació en Manzanares, Ciudad Real, el 12/11/1908. Se licenció en Derecho e ingresó en el Cuerpo de Magistrados de Trabajo.

Desempeñó el cargo de gobernador civil de la provincia de Toledo entre 1944 y 1951. Prestó un firme apoyo al uso educativo del castillo de San Servando como Academia del Frente de Juventudes. Fue el primer director general de Política Interior del Ministerio de Gobernación4, desempeñando el cargo desde 1951 hasta 1958.

Fue consejero nacional del Movimiento y procurador en las Cortes franquistas entre 1952 y 1977. Y uno de los procuradores que se abstuvieron en la votación de la Ley para la Reforma Política de Adolfo Suárez de 1976.

4.

Pedro Patiño Toledo y Blas Tello Fernández-Caballero, dos nombres de la España franquista. Su paradigma histórico. Adversarios. No se conocieron, pero sus vidas se cruzaron trágicamente. Una víctima y un victimario. Un defensor de la libertad y un responsable directo de la persecución y las represalias que sufrieron la víctima y sus familiares. El franquismo y el régimen del 78 los han obligado a convivir como si fueran personas igualmente respetables.

5.

El 25/02/1977, el pleno del último ayuntamiento franquista de Manzanares nombró a Blas Tello Fernández-Caballero hijo predilecto del municipio y le concedió la medalla de oro de la ciudad. En el acta se dice: “...concurren méritos y circunstancias especiales de servicios prestados al Estado y al municipio de Manzanares de extraordinaria relevancia. (…) A nivel local son tantas y tan variadas las realizaciones municipales que se han llevado a cabo gracias a su intervención más o menos directa, que puede decirse que D. Blas Tello ha sido el principal protagonista del inmediato pasado, del presente y del futuro de Manzanares”. Son tantas y tan variadas, dice, las realizaciones, pero no enumeran ninguna, porque no hay ninguna que detallar. “Olvidan” que fue un decidido azote de demócratas, un liberticida, cómplice y responsable de persecuciones y asesinatos de demócratas.

La calle donde se levanta la casa natal recibió el nombre de Blas Tello y Blas Tello se continúa llamando 44 años después, hoy mismo, sin que ningún gobierno municipal haya comprendido la necesidad, por justa y democrática, de corregir esa indecencia.

6.

Por acuerdo de la corporación municipal presidida entonces por el PP, se colocó en 2011 una placa en la fachada de la que fuera casa del victimario. Dice:

En esta casa vivió D. Blas Tello Fernández-Caballero, 12/XI/1908-08/1/1984, magistrado, hijo predilecto y medalla de oro de la ciudad, principal protagonista del pasado y presente de Manzanares. El ayuntamiento pleno le dedica este recuerdo para perpetuar su memoria en señal de agradecimiento. 26/XI/2011”.

7.

Hay más placas honoríficas de liberticidas en las fachadas, como la de José-Antonio García-Noblejas García-Noblejas, notario, nombrado Hijo Adoptivo y Predilecto del municipio el 26/10/1962 en base a la ardorosa defensa que hizo del régimen franquista cuando éste fue criticado en una reunión internacional celebrada en Ginebra. Había sido abucheado e increpado por ello, acabando en comisaría, lo que se consideró entonces “un gesto de ciudadanía y patriotismo que merece ser destacado para conocimiento del vecindario, mucho más en los tiempos actuales de conformismo y coexistencia con los enemigos de Dios y de la Patria”. Se destacaban asimismo los relevantes servicios prestados a Manzanares y a España en sus diferentes cargos como Presidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, Gobernador Civil de Castellón de la Plana y Director General de Archivos y Bibliotecas.

Manzanares también tiene el “honor” de mantener en su callejero a personajes de dudosa respetabilidad, como Pedro Capilla, alcalde franquista, cuyo “mérito”, al parecer, fue llevar el agua corriente y el alcantarillado a las últimas viviendas del municipio. Cabe decir que barrios enteros de la población carecían de agua potable y alcantarillado a finales de los años 60 y principios de los 70.

Por si fuera poco, en el municipio aún pueden verse símbolos significativos del período franquista, como los de la falange y el sindicato vertical. En la plaza de don Quijote y en dos grupos de edificios próximos construidos por la “Obra sindical” en 1952, por ejemplo.

Un dato: desde las primeras elecciones hasta hoy mismo, el alcalde siempre ha sido un militante del PSOE, salvo en el período 2011-15 que correspondió al PP. Ninguno de ellos se ha propuesto enmendar alguna, siquiera una, de estas “anomalías” democráticas.

Ítem más: todas las corporaciones municipales de Manzanares, franquistas, del PP o del PSOE, han subvencionado y subvencionan cofradías y asociaciones que mantienen a Francisco Franco y a otros fascistas de mayor o menor relieve, vivos o muertos, como socios, cofrades o hermanos mayores honorarios o predilectos.

8.

Hace unos días, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha concluido los trabajos de exhumación de 34 cadáveres de dos fosas comunes del cementerio de Manzanares. Tuvieron que ahondar hasta los seis metros y medio. Ésa era la profundidad a la que los cuerpos había sido arrojados de cualquier manera, dicen que como si se tratara de alimañas odiosas, pero las alimañas reciben mejor trato, empujados quizás a patadas, acaso vivos todavía, y rematados a balazos desde el exterior. Cada uno de los muertos tiene su historia y todos tienen en común ser de Manzanares, o de algún pueblo de alrededor, y el hecho de ser demócratas y haber estado comprometidos con la libertad y la justicia. Ahora queda la identificación de los restos y su entrega a sus familiares para que reposen, recuperada su dignidad, junto a los suyos.

Las labores se realizaron a instancia de la Asociación para la Memoria Histórica de Manzanares, compuesta toda ella por familiares de represaliados por el franquismo en el municipio. Aún quedan más de 250 cadáveres de asesinados, distribuidos en varias fosas comunes, que quizá conozcan también el momento histórico en que recuperen la dignidad y el respeto que se les negó hace 82 años. Pero nadie ha asumido todavía la iniciativa de recuperarlos.

En los trabajos no ha comparecido juez, fiscal ni forense alguno, a pesar de tratarse de la exhumación de cuerpos muertos violentamente. En 82 años nadie, ninguna autoridad política o judicial, se ha interesado por la ignominia que supone el silencio sobre los asesinatos y la suerte de los cuerpos de los represaliados.

Apareció por el cementerio el alcalde de Manzanares al iniciarse la apertura de las fosas con la televisión municipal para hacerse una entrevista, como si él tuviera algo que ver con las exhumaciones. Y para prometer que promovería la construcción de un panteón o lugar de la memoria con el fin de recordar el tributo de los demócratas. Desde 1979, ningún gobierno municipal -uno de UCD (1979-83), uno de PP (2011-15) y nueve del PSOE (1983-2011 y 2015-hoy) han mostrado interés alguno por los asesinados, ni por restituir la memoria histórica. Ni por trazar una línea que separe el oprobio de la verdad. Al contrario: desde 1979, por acción, negligencia, omisión o dejación todas las corporaciones municipales se han limitado a gestionar el franquismo, sin discutir ni corregir ninguno de sus actos o decisiones, refrendados en la práctica por el silencio o la indiferencia, como si ante el fascismo cupieran silencio o indiferencia, o por nuevos acuerdos y distinciones del pleno del ayuntamiento “democrático”. La presencia del alcalde sólo es propaganda o autobombo, unas fotografías para la web municipal y unas imágenes para su televisión, nada más, una actitud más propia de un vendedor o un charlatán que de un responsable político, que pertenece a un partido desangrado por el franquismo.

Tras las exhumaciones de Manzanares sólo está la ARMH y los familiares de los represaliados. Nadie más. En Manzanares persiste el oprobio de la simbología franquista y las distinciones a quienes fueron responsables y cómplices de la dictadura y se sirvieron de ella para su enriquecimiento o su preeminencia. Es decir, en Manzanares, como en muchos otros lugares donde las fosas existen pero se ignoran, pervive el desprecio por las víctimas, nadie se ha ocupado de ellas en 42 años de “democracia”. Desde las actas municipales y desde las fachadas se continúa insultando a las víctimas. El alcalde actual y sus antecesores conviven con la anomalía de las fosas, no se siente incómodos con la injusticia y la indignidad de su persistencia.

Esta anomalía democrática y la falta de comprensión del significado profundo de los DDHH y de la dignidad de las personas se explica si se observa que es el resultado del diseño, denominado régimen del 78, que los poderes fácticos españoles y europeos, establecieron para el “fin” del franquismo y la construcción de la “democracia”. La transición es el fruto de ese diseño, de cuyo desarrollo encargaron a PP, antes UCD, y PSOE, que ambos partidos han cumplido a rajatabla, aún a costa de escupir sobre las tumbas de los demócratas, y construir una democracia descafeinada y dependiente de las viejas estructuras de poder franquista..

Escupe el alcalde de Manzanares cuando promete un mausoleo o un lugar de la memoria, pero no limpia Manzanares del fascismo y no dota de contenido, de nervio a la democracia, en el pueblo que gobierna. Escupe el PSOE y escupe García Page cuando convierten la memoria histórica en un papel y no un compromiso y una práctica, cuando no ponen a jueces, fiscales y forenses en el trabajo de exhumación. Escupe el poder judicial haciendo dejación de sus obligaciones con la ley y la justicia.

Hay quienes propugnan pasar página y quienes se encuentran cómodos pasándola, PP y PSOE. Es decir, quienes están hartos de que se hable de la fosa común del abuelo y quienes no hacen nada por exhumarla. Ambos vuelven a colocar en el paredón a los fusilados, victimizan de nuevo a las víctimas. Pasar página o perdonar no resuelve la ignominia de las cunetas o las fosas comunes. Decían algunas madres y hermanas de víctimas del pinochetismo: cómo vamos a perdonar si no sabemos a quién hemos de perdonar, necesitamos conocer el nombre y apellidos de quienes torturaron y asesinaron a nuestros hijos y hermanos, y entonces los podremos perdonar. Aquí no sólo no se ha hecho nada por identificar a los genocidas y a sus cómplices, sino que se ha contribuido a su blanqueamiento.

Cada pueblo, cada villa, cada ciudad, cada comunidad humana tiene que hacer un trabajo de identificación de sus víctimas y entregar sus restos a sus familiares, para restablecer la dignidad personal de las víctimas y reconstruir la verdad histórica, tan descuidada en la actualidad, pero también cada comunidad humana debe hacer un trabajo de identificación de sus verdugos, torturadores, asesinos y cómplices del genocidio. Debe hacer una labor de investigación e identificación para que los familiares de las víctimas sepan a quiénes han de perdonar y con quiénes han de reconciliarse y conciliar un futuro, si es que es posible conciliar con sus descendientes un futuro para todos. Durante más de 40 años no ha habido futuro para los vencidos. Los vencidos perdieron hace 82 años su condición humana y aún no lo han recuperado. Sólo son derrotados o somos hijos de derrotados. España, si es que tiene sentido este nombre y no es artificial su construcción, sólo será posible cuando todos y cada uno de sus habitantes sea un ser humano, íntegro e igual, aunque distinto.

Podemos bajar muchos metros para encontrar a los asesinados por la represión franquista, pero, por muy profundo que excavemos, nunca encontraremos allí a un Estado democrático que haya garantizado sus derechos a las víctimas de la dictadura”. Lo dijo Lorenzo Silva, presidente de la ARMH, en un acto de solidaridad, reparación y dignificación celebrado en el cementerio de Manzanares el pasado 30 de mayo, ante las fosas comunes de 34 patriotas asesinados hace 82 años, de cuya exhumación se estaban ocupando. No sólo necesitamos al Estado ante las fosas, también necesitamos a los ciudadanos. La ciudadanía sólo se alcanza con el ejercicio de la libertad, y libertad es la palabra más manoseada y degradada estos días. La libertad sólo es una palabra cuando las calles y las instituciones están ocupadas o inficionadas por sus enemigos.



NOTAS:

1. Cifra era el nombre con el que la estatal Agencia EFE firmaba las noticias nacionales. EFE, por F de Franco, Falange y fe.

2. Es falso que Pedro Patiño o alguno de sus compañeros ofreciera resistencia.

3. Unos 1185,90 € actuales, teniendo en cuenta la variación del IPC general, el 1876,5 %, según el INE.

4. Ministerio del Interior desde 1977.


 

lunes, 8 de junio de 2020

Covid19, ancianos, residencias y capitalismo

 


Por fin los viejos aparecen en la pista central del coronavirus. A pesar de que constituyen la aplastante mayoría de las víctimas y a pesar de que las residencias son, de larguísimo, el epicentro del drama nacional, las miles de muertes de ancianos solos y abandonados en todos los rincones de España han sido consignadas sin especial interés por profundizar en el asunto. No han tenido ni jueza Medel ni coronel de los Cobos merodeando por su tragedia, ni políticos justicieros saliendo en su defensa, Cayetanas airadas, ni flamear de banderas ni caceroladas.  Y por razones bien deprimentes, porque los viejos importan poco o nada, y porque el problema de las residencias, puesto que responsabilizaba a todas las comunidades autónomas, es decir, a todos los partidos, no valía como arma contra el Gobierno. Ha sido necesario un escándalo mayúsculo como el de la Comunidad de Madrid y esa orden, que no borrador, de no trasladar ancianos de las residencias a hospitales y la insistencia de algunos medios, de forma muy destacada Infolibre, para que los ancianos aparezcan como protagonistas.

Y ahora hace falta que, en efecto, lo sean, que el escándalo político se esclarezca, claro, pero que la noticia no nos intereses sólo por el ruidoso choque de los dos socios en el Gobierno de la Comunidad, Ciudadanos y PP, y el morbo de ver si rompen; por cierto, esperanza absurda. Por muy lejos que lleguen en sus disputas, el pacto del trío de Colón para defender el oasis fiscal madrileño, y aquí lo mismo da Arrimadas que Rivera, está hecho a prueba de broncas, de dimisiones e incluso de mociones de censura.

Pero decía: no deberíamos permitir que se nos vaya de foco de nuevo el horror vivido en las residencias por dignidad y decencia, aunque me temo que ocurrirá y que nos quitaremos de encima esta página negra como una verdad a la que no queremos mirar de frente. Cuando cabe lleguen las facturas al cobro debería llegar una muy gorda, sin destinatario fijo, para esta sociedad en su conjunto, sociedad desagradecida, que no ha encontrado tiempo para esto, que he encontrado tiempo para toda clase de reyertas partidistas y toda clase de cuentas socioeconómicas pero no para poner en valor la tragedia de una generación, que lo dio todo para sacar adelante este país y que ha quedado diezmada por el virus sin que la sociedad pestañee. Los viejos que no se han muerto, los viejos que no nos hemos muerto estamos muy desengañados.

lunes, 1 de junio de 2020

Frap, franquismo y terrorismo




Al estado fascista de Mussolini lo combatieron los partisanos, no con gritos, con desprecios o cortes de mangas, sino con las armas en la mano. A tiro limpio y a bombazo limpio. Con sabotajes, con asaltos, con encerronas, con guerra de guerrillas,... con todo lo que estuvo a su alcance y atacaron todo aquello a lo que podían llegar, desde cuarteles, comisarías, centros oficiales,... a convoyes, transportes, patrullas, etc. Contra un estado que te arrincona con las armas sólo se puede combatir con las armas. Murieron soldados y murieron policías al servicio del estado fascista, y murieron partisanos. Y nadie dice que los partisanos fueran terroristas, puesto que el único terrorista era el estado fascista de Mussolini. Terrorista en cualquiera de las tres acepciones del DRAE, porque el régimen fascista italiano practicaba el terrorismo de estado. Los partisanos eran luchadores por la libertad, eran antifascistas y fueron considerados y exaltados como héroes al final de la II Guerra Mundial, donde lo que se ventilaba era justamente la libertad y la democracia.
Bella Ciao no es un himno terrorista, sino la canción que simboliza la resistencia y la lucha de los italianos contra el nazismo y el fascismo, y paradigma hoy de la resistencia contra la opresión y de la lucha de cualquier pueblo por la libertad y la democracia. A nadie se le ocurriría decir que sea una canción para enaltecer el terrorismo, aunque sí exalta la lucha antifascista.
Las Forces Françaises de l’Intérieur (FFI) fueron una organización que combatió contra el nazismo en Francia durante la II Guerra Mundial, proporcionando información de objetivos a los aliados y atentando contra las fuerzas alemanas de ocupación y las propias fuerzas francesas del Régimen de Vichy, subsidiario de Hitler. El resultado fue la muerte de muchos soldados y policías franceses y alemanes, y la muerte de guerrilleros. El terrorista era el estado alemán y el régimen colaborador de Vichy. Los guerrilleros eran patriotas franceses que luchaban por la libertad. A nadie se le ha ocurrido tildar a las FFI de terroristas, absolutamente a nadie, ni siquiera a los dementes ni a las malas personas, ni a los fascistas de Le Pen. Los héroes eran los guerrilleros, los otros sólo eran esbirros de un régimen genocida, fueran soldados o policías.
Los maquis lucharon contra el franquismo, fueron la primera resistencia armada contra el franquismo. A nadie, salvo a los propios franquistas, se le ocurre decir que fuera una organización terrorista. Quienes murieron bajo sus acciones armadas fueron defensores o protectores del franquismo, soldados, policías y, sobre todo, guardias civiles, empleados del estado terrorista, esbirros de Franco.
El franquismo fue una organización terrorista que dejó tras de sí más de 200.000 muertos, muchos de ellos en cunetas, fosas comunes, tapias de cementerios, sin identificar ni honrar, como merecen todos los muertos. Desde el primer día, desde el 17 de julio, cuando se produjeron los primeros fusilamientos en Melilla, hasta el último día de la vida del dictador, fue una organización criminal, que basó su dominio en el terror de la población y el exterminio del adversario. Lo dijo Franco y lo dijeron sus compañeros de aventura públicamente, está escrito, la Historia tomó buena nota de ello. “Estoy dispuesto a pasar por las armas a media España para conseguir mis propósitos”, afirmó Franco con desenvoltura ante un corresponsal británico el 29 de julio del 36. “Hay que sembrar el terror, eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”, son palabras del General Mola.
Todos los que lucharon contra el franquismo, CCOO, PCE, PTE, ORT, MC, Bandera Roja, FLP, FRAP, etc, incluso ETA hasta finales de 1977, con las armas o sin ellas, con panfletos, con pintadas, con movilizaciones, siempre con su propio cuerpo como escudo, no constituyeron organización terrorista alguna, esa calificación estaba reservada por el franquismo, sino antifascistas, defensores de la libertad. El franquismo fue la única organización terrorista en España desde 18 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de 1975, incluso hasta la aprobación de la Ley para la Reforma Política.
El hecho de que Carrero Blanco y Melitón Manzanas sean considerados víctimas del terrorismo, entre otros, que fueran condecorados los policías que asesinaron a Enrique Ruano, que Billy el Niño viviera rodeado de privilegios hasta el último día de su vida, que Martín Villa viva protegido frente a las requerimientos de la jueza Salvini, o que Manuel Fraga sea tenido por un padre de la democracia, cuando todos ellos son cómplices del régimen genocida, representa una grave anomalía histórica y una indignidad patriótica, que sólo puede ser consecuencia de las gravísimas insuficiencias con que se acometió la transición, lo que ha permitido apropiarse a la derecha, incluso al franquismo, la extrema derecha, del relato de los último 80 años de la historia de España, que han convertido a Franco, en palabras de Esperanza Aguirre, en socialista, y a los demócratas que lucharon contra él, en palabras de Cayetana Álvarez de Toledo, en terroristas. El desparpajo y la impunidad con la que se está moviendo la extrema derecha en España, sobre todo en los últimos tiempos, también tiene que ver con eso.
Insisto: en 40 años de historia sólo ha habido una banda terrorista en España, el franquismo, y unos terroristas, Franco y sus cómplices y camaradas, nadie más. El resto de los españoles sólo fuimos víctimas de la crueldad del régimen. Los que se atrevieron a enfrentarse a él sólo pueden ser considerados héroes.
Si este país no reconoce el papel de héroes de la libertad y la democracia a todos los que lucharon contra el franquismo, entre ellos a Javier Iglesias, José María Chato Galante y Lidia Falcón, por ejemplo, por poner tres nombres significativos, habremos perdido definitivamente la dignidad y el respeto, y nuestra democracia estará en manos de cualquier avatar que puedan inventar los mercachifles de la derecha, más dispuestos a refugiarse en la memoria de Franco que a respetar la voluntad del pueblo.

lunes, 27 de abril de 2020

Viejos, malandrines y mentecatos




Nos gobiernan los viejos. No digo la gente de muchos años, sino los viejos, es decir, los gastados, los antiguos, los que tienen su pensamiento anclado en el tránsito de la Edad Media a la Moderna, cuando la última batalla de Granada, en 1492, montados en el caballo que cabalgaba Isabel o Fernando, los mal llamados Reyes Católicos, riéndose del último califa expulsado de su territorio, que lo había sido por cerca de 800 años. O los que llegaron tras Colón al nuevo continente para expoliarlo e imponer este mundo retrógrado y absurdo del Concilio de Trento, a aquel mundo que no podían comprender porque era otro e, incluso, tenía la piel de color distinto. Inclusive más atrás se quedaron algunos de los que nos mandan en la historia, allá por el 711, o más atrás, por el 476. Viejos de 20 y de 70 años, y de cerca de los 90, todos viejos, perdidos en los vericuetos de la historia antigua, que sentó las bases de esta actualidad injusta, herederos del felón y corrupto Fernando VII. En la España imperial, víctima del patetismo franquista. Carcamales. No ancianos, no sabios, viejos, dogmáticos, antiguallas prehistóricas que han decidido fastidiarnos la vida, imponiéndonos un guión extraído de un palimpsesto.
No sólo viejos, sino también idiotas y analfabetos, gentes que apenas saben hacer la O con un canuto, pero que han sabido cómo hacerse con títulos, nobiliarios o académicos, falsos muchos de los académicos, porque se retribuyen entre ellos, y gratuitos todos los nobiliarios para dar lustre a la palurdez, entendiendo por nobiliarios no sólo los tradicionales, sino también todos los emeritazgos. Digo viejos, pero no por los años, y digo analfabetos, aunque sepan leer y tengan carreras, viejos y analfabetos porque son incapaces de mirar con ojos resueltos hacia adelante y de ser sensibles con la naturaleza y sus semejantes. Con el inevitable nuevo mundo que necesitamos, si queremos sobrevivir como especie, bajo la condición de seres humanos. Palurdos, aunque citadinos. Personajes de números y estadísticas, que desprecian los nombres que constituyen los números.
Nos gobiernan los viejos y los cretinos, incluso casposos, porque no hay nada más viejo en el mundo que la caspa y la estupidez. Aunque se disfracen de modernos, y acudan acá y allá organizando campañas publicitarias o escenificaciones y rituales propagandísticos, que pareciera que los hace modernos, pero sólo son disfraces de personajes menores, ni siquiera principales, de esta obra de despropósitos, cruel e injusta, que escriben, dirigen y representan otros en sus papeles principales. El traje no hace al monje, y estamos ante el monje dogmático de siempre. Han cambiado de herramientas, pero siguen con los mismos moldes fabricando los mismos idolillos baratos.
Hace un par de días se ha difundido un supuesto manifiesto en defensa de la democracia en tiempos del coronavirus, cuyas firmas encabezan Mario Vargas Llosa y José María Aznar, dos paradigmas de la vejez y el cretinismo. Gentes a las que nunca ha interesado la democracia ni se han comprometido con ella, salvo como parte de un argumentario. La web del PP y la prensa lo han presentado como un manifiesto. En realidad, apenas es un panfletillo de 281 palabras y 1856 caracteres, lleno de lugares comunes, medias verdades y mentiras, que pareciera haber escrito Esperanza Aguirre, una de las firmantes, aunque seguramente lo haya redactado el hijo de Vargas Llosa, otro firmante.
Por España firman los de siempre: los políticos mediocres y corruptos, los intelectuales de pesebre, los economistas de la nómina neocon, es decir, papagayos, y la nueva casta de empresarios, que no produce, que no genera riqueza, especuladores y sacerdotes de la renovada religión neoconservadora, cuya ocupación es la creación de madrasas carcas, plataformas y foros para difundir su catecismo. Pero son viejos, son los mismos, siguen defendiendo las mismas recetas, aunque, ahora, a las viejas recetas les incorporen la deconstrucción y un cierto acicalamiento.
El mundo viejo agoniza, y, con él, el mundo entero, porque el viejo mundo vive gracias a la destrucción del propio mundo en el que depreda y devasta. Pero, mientras sale a la luz el mundo nuevo, en medio de un parto prolongado y dolorosísimo, están ahí los mismos de siempre, con trajes nuevos, con corbatas nuevas, con peinados elaborados por los estilistas de moda, pero con el mismo lenguaje morralla, olvidadizo del hombre, mientras permanecen ocultos, aplastados por la inmisericorde bota del sistema, la savia joven, las nuevas ideas, de ancianos y jóvenes, porque aquí la edad tampoco importa, pero sensibles y sabios, las propuestas atrevidas, las iniciativas renovadoras, que respetan a la naturaleza y defienden la vida, otro modelo, que necesariamente acabará con éste.
Lo viejo está jubilado, ahora sólo falta que lo llevemos al cementerio.

jueves, 9 de abril de 2020

Covid-19, salud, libertad y ley mordaza


Defendiendo el confinamiento en un discurso, he oído decir a un alcalde, del PSOE a mayor abundamiento: “Lo más importante es la salud”. Franco decía: “Lo más importante es España”. Casado, Abascal, Aznar, todos estos no se cansan de repetirnos: “Lo importante es la patria”. Como si la patria fuera un concepto abstracto. O “lo más importante es la bandera”. Y por eso pretenden que pongamos las banderas a media asta, que llenemos los parques y las plazas de banderas, cuanto más grandes mejor, más ondearán y desde más lejos serán vistas. Como si la bandera, que es un elemento material concreto, no la hubieran transformado en el mismo concepto abstracto que la patria. Patria y bandera son lo mismo, y tienen el mismo significado vacío al que no podemos asirnos. La vida necesita asideros. La salud, como argumento para defender el confinamiento, parece un concepto preciso y concreto. Todos necesitamos salud para vivir. Sin salud nos encaminamos al cementerio. Parece un concepto concreto, pero deviene en un concepto abstracto para sobrecogernos y atraparnos.
En todos esos discursos salud, España, patria y bandera excluyen cualquier otra consideración. No cabe nada fuera de ellos. La libertad, por ejemplo, y la democracia. Primero la salud, ya hablaremos de democracia cuando estemos sanos. Primero España, la patria, la bandera, la libertad y la democracia no son valores estrictamente necesarios, incluso pueden ser dañinos para el país, Franco pensaba que eran un cáncer para España y por eso echó el cerrojo y convirtió a España en un presidio durante 40 años.
No. Lo primero no es España, ni la patria, ni la bandera, lo primero es la ciudadanía. Sin ciudadanos no hay España ni patria ni bandera. Es la ciudadanía la que construye España y construye patria y se dota de bandera, construyendo el pueblo sobre las que se asienta.
No. Lo primero no es la salud. Lo primero es que la vida merezca la pena Para eso hace falta salud, claro, pero quienes entregaron su vida o su libertad por conquistar precisamente la libertad y la democracia no pensaron en la salud. Ni siquiera pensaron en la vida. No les valía una vida cualquiera. La salud no es lo primero. Si es lo primero, ¿para cuándo lo demás? ¿Para cuándo lo esencial? ¿Para cuándo aquello que constituye lo sustantivo de la vida de los seres humanos? Aplazamos las elecciones. Franco las aplazó durante 40 años. ¿Aplazamos la libertad?
Un concejal de ese mismo ayuntamiento, para defender el otro día la necesidad del confinamiento amenazaba a los ciudadanos de su pueblo con la ley mordaza. No apeló a la responsabilidad, a la solidaridad, al mutuo respeto por la vida, amenazó con multas de entre 600 y 30.000 € e hizo un detallado relato de las actuaciones de la guardia civil y la policía municipal para garantizar el cumplimiento del estado de alarma. No apeló al sentido cívico y ciudadano, amenazó con la ley mordaza. Una ley hecha a la medida de una concepción represora del estado y restrictiva de la libertad y la democracia, precisamente, que el PSOE y la izquierda se comprometieron a derogar cuando llegaran al gobierno, pero ahí sigue, tan lozana. Las denuncias que ha venido haciendo la policía se basan en la ley mordaza.
El problema de las excepcionalidades es que no se sabe cuánto duran. Incluso hay algunas que perviven tras superar el problema que dio lugar a la excepción, como los atentados terroristas del pasado. El problema del después es que después no tiene fecha fija. Puede ser mañana, la semana que viene o tras el verano. El verano de Franco duró 40 años.
El problema lo señalaba bien Yuval Haari, el filósofo israelí, el otro día en su artículo de La Vanguardia: El mundo después del coronavirus.
La salud no puede ser incompatible con la libertad ni con la democracia. No puede haber después, ha de haber ahora, como ha de haber ahora cultura, porque sin cultura tampoco hay libertad ni democracia. La cultura también ha sido aplazada para después.
La libertad nos compromete a hacernos cargo de nosotros mismos y de nuestros conciudadanos, la libertad nos reclama responsables. Lo sabemos por Erich Fromm. El confinamiento tiene que ser consecuencia de un acto de libertad, no resultado de una amenaza. Aquello que es resultado de un acto de libertad profundiza en la libertad, lo que es consecuencia de una amenaza o una coerción acaba por menoscabar la libertad. La libertad no es negociable. La democracia, tampoco. No estamos en el mejor camino y tantos militares en las ruedas de prensa sobre la crisis sanitaria, tanta alegría en el uso de los militares, como el grupo de paracaidistas que envió Margarita Robles a un pueblo de Toledo (Aldea en Cabo, 160 habitantes) simplemente para que los vieran, son unas pistas preocupantes, que hacen temblar a cualquier demócrata sensible. No ayuda hablar de guerra. No ayudan las arengas de combate. Tampoco ayudan los abusos policiales, muchos y escandalosos. El confinamiento no puede ser consecuencia de una negación sino un acto de afirmación contundente; propositivo, no coactivo.
La libertad y la democracia no son negociables y no pueden posponerse. O son hoy o no serán nunca, o, en caso de serlo, estarán demediadas, que es como no estar. A eso juega la derecha extrema del PP y Vox, pero no puede caer en esa trampa la izquierda ni el pueblo español.

miércoles, 8 de abril de 2020

Covid-19 y la abuela


El covid-19 que nos tiene recluidos es una excusa para hablar de mi abuela. No de los abuelos, de mi abuela, de una de ellas, mi abuela. No se puede hablar de los abuelos en general, se puede, pero no tiene sentido. Hay muchos abuelos como hay muchas personas.
Los abuelos que han muerto abandonados en las residencias de ancianos, porque la lógica del mercado los había convertido en un producto residual. O los abuelos que han sostenido con sus pensiones, muchas veces de miseria, a sus hijos y nietos abandonados por la crisis de 2008. O los que mueren y morirán relegados, porque ya no son útiles ni productivos, en favor de los jóvenes que tienen futuro, como hacen en Holanda o propuso hace días el subgobernador de Texas. O los abuelos cabrones, porque hay abuelos cabrones como hay jóvenes malvados. Aznar es un abuelo y Trump es otro abuelo. El presidente de Hungría es un abuelo. La presidenta de la Comunidad de Madrid será abuela algún día, aunque no le gusten los abuelos. O la gerente del 112 de Madrid, que seguramente también sea abuela, a la que se le muere la gente en sus casas por el coronavirus, tras pasarse una semana llamando a emergencias sin que nadie mande un equipo o una ambulancia al domicilio. Pablo Casado de abuelo, explicándole a sus nietos la hazaña del título en derecho sin haber leído una palabra del tema, o su obsesión por tapar con banderas a los muertos, su obcecación por comerciar con los muertos. O nosotros, yo mismo.
Pensar en los abuelos es también pensar en Felipe González y en Alfonso Guerra. En los obispos de la Iglesia, si los obispos pudieran ser abuelos, que quizás alguno lo sea, pero no lo sepamos. ¿Alguien puede imaginar a Abascal, perdida la prestancia del gimnasio, fláccido ya, tratando de subirse a un caballo? Será patético verlo con su bastón, su paso vacilante y la pistola todavía pegada al sobaco.
Decimos abuelos, pero podríamos decir también abuelas, la señora Thatcher en su día, por ejemplo, aunque en esta disquisición los abuelos arrasan.
Hoy me ha despertado mi abuela. No las noticias de cada día, siempre las mismas, sino mi abuela. Y me ha llevado de la mano a la ducha y luego al desayuno. Y me ha sentado ante el teclado. Por eso estoy escribiendo esto.
Los abuelos son importantes en la vida de uno. Ellos son la lucidez y la memoria.
Mi abuela murió cuando yo tenía diez años recién cumplidos. Nos despedimos un día de finales de diciembre hasta la semana siguiente y ya nunca volví a verla. Murió el cuatro de enero. Fue un cáncer, que derivó en septicemia y se la llevó por delante. Pudo haber sido terrible, porque se trataba de un cáncer de estómago que hizo metástasis rápidamente. La septicemia la libró del dolor y el sufrimiento. Nadie me dijo que había muerto de repente. Simplemente dejé de verla. De golpe la abuela no estaba y todos dejaron de hablar de ella. Veinticinco años más tarde supe dónde se hallaba su tumba y treinta años después puedo visitarla con frecuencia. Y hablamos.
Mi abuela me enseñó a hablar. No era una persona culta, pero me enseñó a hablar. No me me refiero al habla corriente, el habla común se aprende en casa, en la calle, en la escuela, en un internado, en una cárcel, donde sea que esté uno y escuche hablar a los otros. A decir o escribir cosas como éstas que ahora escribo uno aprende en cualquier lado. Lo hacemos todos cada día, todos los días de la vida. No tiene la menor importancia. La escritura, el discurso diario no tienen la menor importancia. La vida es vulgar y las palabras son corrientes y están hechas para decir las cosas vulgares de un modo vulgar. Digo a valorar el lenguaje y a amar las palabras. A entender que las palabras no son inocentes, sino intencionadas. Que hay palabras para zaherir y para honrar, para el amor y para el odio, para el rencor y para el perdón. A descubrir que, más allá de las nuestras cotidianas, hay otros palabras para todas las cosas, incluso las más ordinarias. Que incluso las palabras vulgares, es decir, casi todas las palabras, pueden ser palabras dignas y hermosas si uno las emplea con amor y respeto, para el amor y la tolerancia. A emplearlas con propiedad aprende uno más tarde y no siempre aprende del todo. Escribir hoy, no sólo este texto concreto, se lo debo a mi abuela. Ella me ha traído aquí de la mano y me ha dicho: ni se te ocurra dejarlo. Con su voz firme y dulce. Ni se te ocurra dejarlo. Y en eso estamos.
La vida deja de ser vulgar cuando la traspasa la ternura. La vida merece la pena cuando hay amor de por medio. Esto también lo aprendí de ella, que sólo sabía ser amorosa y tierna, y resolvía los conflictos con una abrazo y la palabra precisa.
Un día, yo debía tener cuatro o cinco años, me agarró para transportarme como si fuera un paquete bajo su brazo. Me había caído jugando en la calle y tenía las manos raspadas y sucias. No lloraba porque había aprendido a no llorar por esas cosas. Mientras me lavaba, me dijo que había la palabra pequeño, aparte la palabra chico, para referirse a alguien como yo. Yo era chico para jugar con esos mozancones con los que jugaba y por eso me caía y me sollejaba. Chico o pequeño. Chico y pequeño significaba lo mismo, pero chico la empleaba la gente vulgar y pequeño era una palabra de los señores y las gentes de importancia, pero significaban lo mismo y yo debía conocer y emplear ambas, porque las palabras son cosas de todos. Me estaba diciendo que el lenguaje no es inocuo, sino una poderosa arma, aunque eso yo lo entendiera mucho más tarde.
Como cuando me enseñó que también estaba la palabra eructo para decir regüeldo. Regüeldo lo empleábamos los palurdos y eructo la decían los señoritos, pero yo debía guardar las dos palabras. Y que nadie me las arrebatara. La palabra es el único bien que se comparte completo sin necesidad de trocearlo. Una palabra es mía por entero, y es tuya por entero la misma palabra, y lo es del pobre y del poderoso. La misma palabra. De una palabra no hay migajas. Hay migajas del lenguaje, si se abandonan u olvidan las palabras. O permitimos que otros nos las arrebaten. Migajas en el lenguaje y migajas en la vida es lo mismo. Por eso suelen ir juntas miseria e incultura. Un analfabeto y un pobre son la misma persona. Una persona sin libertad es una persona a la que han dejado sin palabras.
A la abuela le gustaban los mojicones y me enviaba muchas tardes a la confitería a comprar dos para la merienda. Y me daba uno. O me daba medio si sólo tenía uno. Toma, decía, anda. Un mojicón es como una magdalena grande, pero más esponjoso y dulce. Y me hacía prometer que no se lo diría a mi madre, no sé la razón.
Otra vez me llevó a un bazar y me compró unas gafas de ver. Entonces no había ópticas ni había sanidad pública, los médicos se pagaban al punto o por igualas. Había bazares donde se vendía de todo y aquél vendía gafas graduadas. La abuela decía que parecía tener problemas de vista, seguramente porque leía mucho. Exageraba la abuela: a leer de verdad empecé más tarde, cuando ella ya se había ido y no podía regañarme.
La abuela es culpable de que me interesen tanto las palabras, de que lea y de que escriba, porque la palabra es el único y verdadero patrimonio de que dispongo. Y no tengo que disputárselo a nadie.
Al virus, no, al virus lo vencerán quienes saben de eso, científicos y profesionales de la medicina, pero a los necrófagos sí los derrotaremos entre todos con las palabras. Defendiendo las palabras y defendiendo el significado correcto de cada palabra. Muerte, por ejemplo, justicia, solidaridad, cuidados. Guerra, sin embargo, es una palabra extraña, no estamos en guerra, estamos en una batalla por poder tocarnos.